Identidad Bonaerense

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Carlos Casares: girasoles y migraciones variopintas

Myriam Pelazas
Myriam Pelazas
Carlos Casares: girasoles y migraciones variopintas
12/07/2024

Un municipio muy atractivo para quienes buscan conocer la diversa inmigración bonaerense

Dicen que la primera semilla de girasol que prendió en territorio argentino desplegó su amarillo en Carlos Casares. Por eso al iniciarse cada febrero se hace una fiesta en honor de esa noble planta que embellece esa franja de las rutas bonaerenses y también se celebran otros hitos de la historia de este partido y su singular inmigración.

Los días primeros: 

Antes de que lo habitaran los y las migrantes del otro lado del Atlántico, moraban sus lagunas y cañadones poblaciones originarias dirigidas por caciques como Cafulcurá o Catriel. Luego vino el tiempo de los fortines que desde hace unos años el municipio reconstruye mediante una travesía de cien kilómetros a caballo o carruajes que atraviesan distintos sitios de Casares evocando la “Huella de fortines” en la que se enfrentaron indígenas y militares. Aunque no sólo el Ejército se adentraba en esos territorios, hubo quienes aún conociendo el peligro que implicaba instalarse en ellos, tomaron el riesgo porque esas tierras económicas les podrían ofrecer cuantiosas rentas. 

Uno de esos pioneros fue el español Antonio Maya que luego de arrendar unas cuantas hectáreas a Francisco Verón compró 2.699 que parceló y loteó para proyectar el pueblo que llevó su nombre. Como buen visionario, Maya sabía que el desarrollo del poblado dependía de que allí llegase el ferrocarril que se extendía por la provincia por lo que solicitó que el tren atravesase el flamante pueblo. Logró convencer a las autoridades donando un extenso terreno en el cual se construiría la estación Carlos Casares -denominada así en honor de quien había gobernado la provincia entre 1875 y 1878 y había puesto como faro de su gestión la extensión de las líneas férreas-. Cuando la primera locomotora arrojó sus humos en Casares, corría el año 1889, la Argentina entraba en una crisis económica que un año después se volvería política y acabaría con el mal gobierno del presidente Miguel Juárez Celman. Pero el país ya era otro, principalmente a partir de los enormes contingentes de migrantes arribados desde varios países del mundo, sobre todo durante la década del ‘80.

Las oportunidades que brindaban sus tierras y la publicidad que sobre ellas se hicieron acerca de lo simple que era poseerlas, además de situaciones de vida muy complicadas en Europa, motivaron que, a fines del Siglo XIX, miles y miles de hombres y mujeres vinieran a habitarlas. Cientos de españoles e italianos del norte eligieron asentarse en este partido que, en 1907, había conseguido la autonomía y se había conformado como tal tomando el nombre de la antigua estación. Pero también entonces Casares había empezado a ser habitado por una comunidad de judíos ortodoxos que huían de la Rusia zarista que en 1881 había iniciado una política de restricción y persecución de estas poblaciones de su frontera occidental. Para paliar esa situación de marginación y posible exterminio, en esos años se planificaron distintos proyectos y, entre ellos, prosperó el del Barón Hirsch mediante su empresa colonizadora, “Jewish Colonization Association”, en 1891. Quien también adquiriría tierras con tal propósito en Entre Ríos y Santa Fe, inició en Carlos Casares su tarea, comprando la estancia Algarrobo de casi 25.000 hectáreas. Por ende, en esa zona se concentraron las primeras colonias judías de la Argentina que dejaron huellas que se conservan en el Archivo Histórico Antonio Maya municipal, en los museos de dichas colonias y en la prodigiosa memoria de algunos de sus descendientes, además de sus rastros en medio del paisaje campero.

Fotografías de la inmigración judía en Casares. 

Carlos Casares es un municipio muy atractivo para quienes buscan conocer la diversa inmigración bonaerense. Diego Arranz hace años que organiza excursiones fotográficas por la provincia y dice que uno de sus recorridos preferidos es el de la ruta seguida por la inmigración judía en Casares. Inicia su relato hablando de Moctezuma: “El nombre del emperador azteca aporta una curiosidad más de esta colonia en la que se preserva una de las primeras sinagogas de la Argentina, que está hecha de barro y muy bien preservada. Moctezuma tiene algunas calles de tierra, construcciones muy antiguas y viejos almacenes. En el caso de la Colonia Mauricio, lo que permanece en pie es el cementerio con sus lápidas con estrellas de David desde donde se ve la laguna de Algarrobos”. 

Arranz continúa: “Mauricio Hirsch se denominó así por el barón que creó la Jewish Colonization Association (JCA). Hay muchas historias sobre las adversidades que soportaron las primeras ciento cincuenta familias que llegaron a fines del siglo XIX. Al parecer, bajaban del tren cargados con ilusiones y semillas de girasol en sus bolsillos, pero nadie los esperaba y debían caminar leguas hasta la tierra prometida. En el medio sortearon temporales en improvisadas taperas, algunos de sus hijos murieron de frío, algunas de esas primeras mujeres mientras se higienizaban y hacían sus rituales en la laguna fueron violadas por lugareños. Hubo comienzos durísimos hasta que se pidió mayor intervención del Estado para protegerlos y las cosas cambiaron. De hecho, algunas de esas colonias como Hirsch llegaron a tener 3000 habitantes, aunque hoy son pocos. En contraste, Smith es una localidad en movimiento. Allí también hay una sinagoga que alberga un museo con objetos de los primeros inmigrantes.

Postales del siglo XX:

Este municipio, a través de sus distintas gestiones y el trabajo colaborativo de su comunidad, se ha encargado de preservar su importante patrimonio, por ejemplo, a través de su muy completo Archivo Histórico Antonio Maya. Mediante sus libros y la información de quienes allí se desempeñan, se sabe que la década de entreguerras es la que marcó el esplendor de varias de las localidades de Carlos Casares que crecían al ritmo del ferrocarril que transportaba su producción agropecuaria. Esa prosperidad se mantuvo durante algunas décadas hasta que los trenes dejaron de pasar a la vera de sus pueblos, en los ’60, con políticas que ya proyectaban desarrollos sugeridos por el FMI, sin la gente adentro.

En muchas de esas localidades pueden observarse estaciones ferroviarias abandonadas, además de otras atracciones arquitectónicas como la bella estancia “San Claudio”, una construcción normanda que se erige en medio del campo, en Hortensia. Este cautivador edificio, años atrás fue donado por su propietaria a la UBA. En Cadret, se pueden visitar fábricas de quesos que otrora fueron muy importantes y en Bellocq admirar la imponente iglesia Santa María. He aquí una historia digna de contarse: 

En 1914, mientras en Europa se asistía a la Primera Guerra Mundial, María Larramendy de Bellocq aportó una cuantiosa suma de capital con el propósito de construir un templo destinado a monjes benedictinos convocados a estas pampas desde México y España. Además de su imponente construcción, el mobiliario y sobre todo la iluminación que se filtra por sus increíbles vitraux franceses siguen impactando en medio de la llanura. El deseo de la viuda era que en ese lugar aquellos monjes celebraran misas en memoria de su marido y que dieran clases a los hijos de los trabajadores de la estancia. Aunque la experiencia fracasó, la historia del hermoso templo no queda allí: años después se construyó otra iglesia gemela en Pehuajó y, aunque promediando los 50, la Santa María perdió su cúpula como consecuencia de unas fortísimas ráfagas de viento y sucumbió al abandono, su historia tuvo un final feliz. En 2004, se conformó una Comisión “Pro-templo” para restaurar y reabrir la iglesia y un año después se consiguió que sea consagrada bien patrimonial municipal.

Fiesta Nacional del Girasol

El 9 de febrero pasado arrancó la Fiesta Nacional del girasol que dura tres días en los cuales Carlos Casares es visitado para disfrutar de los distintos eventos que ofrece el municipio. En 1964 se realizó la primera y, más allá de que hubo años sin tal celebración, volvió con energía en los últimos tiempos. Aunque la sojización haya ido corriendo hacia el sur su hermoso amarillo, el girasol continúa siendo emblema del partido y no es aleatoria la fecha del evento, pues en primavera se siembra y se cosecha en verano, cuando más sol recibe.

El centenario:

A lo largo de su historia de ciento diecisiete años, Casares tuvo desarrollos espectaculares y desastres como las inundaciones de los ’70,’80 y ’90. Pero a pesar de todo, en el año 2007 el municipio tenía mucho que celebrar. Había construcciones nuevas, una seria preocupación por cuidar el medioambiente estaba dando sus frutos, mejoraban los servicios, se extendía su parque industrial y se multiplicaban sus actividades culturales. No es casualidad que Casares sea la tierra de un escritor como Mario Goloboff o del filósofo Oscar Terán, ni que el gran músico Daniel Barenboim sea descendiente de una de las familias pioneras de la zona. También había avances en el deporte que diez años más tarde llevarían a tener su club en la Primera B Nacional, además de ser el terruño del tricampeón de TC, Roberto Mouras y contar con un museo en su homenaje.

Por eso, aunque no haya sido el edén prometido, mediante el renovado compromiso de sus autoridades y el enorme trabajo y solidaridad de su gente, Carlos Casares sigue marcando una senda de crecimiento que brilla y regocija como sus proteicos girasoles.

Myriam Pelazas

(*) Las imágenes que ilustran esta nota fueron cedidas por Diego Arranz. 

Fotos: Diego arranz@fotoescape.fotos