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De Bahía Blanca al mundo: Pepe Sánchez nació en la capital del Básquet, hizo historia y en la actualidad busca innovar con el Dow Center, su última creación

Ondina Andriani
Ondina Andriani
De Bahía Blanca al mundo: Pepe Sánchez nació en la capital del Básquet, hizo historia y en la actualidad busca innovar con el Dow Center, su última creación
29/10/2024

El deportista intelectual que formó parte de la Generación Dorada del básquet y se vanagloria por ser el primer argentino en la NBA, continúa su labor con una nueva propuesta de fusionar el deporte con la ciencia, a través de un centro que inspire y permita crear.

La vida del deportista de élite suele ser ingrata, acaso porque en el momento de mayor madurez, el inexorable paso del tiempo lo deja afuera en su máximo esplendor y no le permite continuar en la alta competencia. Tal es así, que la vida útil de un deportista oscila en la actualidad entre los 35 a 40 años, dependiendo principalmente de su estado físico, de cuán grande es su palmarés y cuántos récords batió. De lo contrario, cuelgan los botines, los guantes, las raquetas o los balones, mucho antes.

Las altas exigencias combinadas con la edad cronológica de los deportistas, los empujan a renunciar a lo que más aman y a lo único que hicieron hasta el momento en su corta vida. Si bien hay maneras de continuar desde otro lugar, la realidad golpea al deportista y lo jubila antes de los 40 años, con mucha generosidad.

En ese amplio grupo, entra Juan Ignacio Sánchez, el basquetbolista nacido como debía ser en Bahía Blanca, denominada por amplias razones “La Capital del Básquet”. De allí, también vienen sus pares que formaron parte de su vida y también marcaron el camino a seguir, como Emanuel Ginóbili y Alejandro Montecchia como jugadores y Oscar Sánchez, Pablo Coleffi y Sergio Hernández, como entrenadores.

A su vez, existen infinidad de motivos para creer que la ciudad que se ubica en la Provincia de Buenos Aires, al suroeste de Argentina, es además, la capital del baloncesto. Allí nació Pepe Sánchez, el primer jugador argentino en debutar en la NBA, la liga más importante del mundo en esa materia y tuvo a Manu Ginóbili como el primer argentino en consagrarse campeón.

Asimismo, fue Bahía Blanca el lugar donde se jugó por primera vez un partido de básquet en el país, un 21 de mayo de 1910 en una iglesia metodista y con estadounidenses en sus filas que habían llegado en barco. En 1918 se fundó Estudiantes siendo el primer club hasta el momento y en 1938 se inauguró su estadio Osvaldo Casanova, que además es considerado patrimonio arquitectónico y sitio de interés cultural e histórico.

Y como si fuera poco, a partir de 2005 celebran cada 3 de julio el “Día del Básquet Bahiense”, para dejar en claro por qué aquella ciudad es el epicentro que congrega a sus principales exponentes. Por otra parte, dispone actualmente de la mayor cantidad de escuadras en comparación con otras provincias, además de contar con el equipo de DUBA (Discapacitados Unidos Bahienses), una ONG que funciona desde 1975, en busca de la inclusión.

No obstante, decíamos que pocos deportistas pueden continuar su carrera avanzados los 35 años y otro pocos, hacerlo desde otro lugar. Para ello, hay que contar con ideas innovadoras que renueven lo que ya fue creado y darle un giro, acaso para encontrar nuevas herramientas que permitan mejorarlo, suprimir lo que ya no funciona y suplantarlo con novedosas propuestas.

En ese lugar se ubica Pepe Sánchez, cuando pensó en crear el Dow Center, un espacio flexible diseñado para inspirar bienestar, disfrute y alto rendimiento, según describe su slogan. Allí, el exbasquetbolista, inmerso en la creación de un método nuevo, apuntó a través de la ciencia a brindar a los flamantes deportistas un sistema que destierre la idea de verlos como máquinas, asegurando que esa teoría está en su etapa final.

“Mensajes como ´entrenate a morir’, ‘sacrificá todo’, ‘no te muestres vulnerable’ y ‘matá tus emociones’ no va más”, indicó con vehemencia Pepe Sánchez y apunta con orgullo a repensar la alta competencia, sin dejar de lado la inteligencia emocional. 

“Nosotros buscaremos humanizar el sistema, formar integralmente a deportistas profesionales, que no son ni más ni menos que personas que, durante un rato, hacen muy bien un deporte. Es necesario entender que, además de los músculos, hay que entrenar la mente y las emociones. Esta reeducación es el desafío de los próximos años”, subrayó como su principal meta.

JUAN IGNACIO SÁNCHEZ, EL DEPORTISTA INTELECTUAL

Nacido un 8 de mayo de 1977 en la Capital del Básquet, Bahía Blanca, Juan Ignacio Sánchez recibió desde la cuna una herencia cultural que le otorgó su familia de clase media. Según reveló, su casa estaba llena de libros y a los 20 años veía cine iraní. No obstante, tenía otra pasión que podía alcanzar gracias a su altura y porte: el básquet.

Así, se inició en El Nacional y a los 12 años cambió de club por Bahiense Norte, teniendo de compañero a Emanuel Ginóbili. A sus 17, el entrenador de Deportivo Roca, Pablo Coleffi lo llamó para unirse a sus filas y se trasladó a General Roca, donde pasó un año hasta regresar a Estudiantes de Bahía Blanca. 

En 1996, recibió una propuesta de Estados Unidos en la Temple University, la que aceptó de inmediato, no sin antes concluir con sus compromisos. Recuerda que llegó con un bolso y sin saber hablar inglés, pero aceptó el desafío porque intuía que algo iba a suceder, y así fue. 

Ya instalado en el país del norte, se alojó en Filadelfia y se sumó a los universitarios Temple Owls, permaneciendo 4 años. Por sus buenas actuaciones, comenzó a formar parte del elenco argentino, logrando buenas performances que comenzaban a posicionarlo como uno de los mejores jugadores del seleccionado.

Así, participó en el Mundial de Atenas, junto a Marcelo Milanesio y Alejandro Montecchia, mientras a nivel club seguía en alza con su equipo que ya figuraban entre los 8 mejores. A su vez, logró graduarse en Historia en la Universidad de Temple y fue catalogado como el mejor Estudiante-Atleta.

En ese sentido, su decisión de quedarse en Estados Unidos fue más que acertada, tras ir en busca de su primera oportunidad para formar parte de un sueño: jugar en la NBA. Esa chance llegó cuando Philadelphia 76ers lo convocó y se convirtió en el primer jugador argentino de la historia en formar parte de la mayor liga del mundo en baloncesto. Debutó en octubre de 2000 en el legendario Madison Square Garden y paralelamente, seguía abriendo camino en la Selección Argentina, ganando la medalla de oro en el Campeonato FIBA Américas en 2001 y medalla de plata en el Mundial de Indianápolis en 2002.

De esa manera, continuó su derrotero por diversos equipos en EEUU y luego Europa, hasta llegar a conquistar el máximo galardón que un atleta puede obtener en su carrera. Fue en 2004 y se alzó con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, siendo el base titular de la Selección Argentina. 

Los años posteriores los pasó en España, siendo parte del Barcelona FC y luego del Real Madrid y en 2008 decidió no participar de los Juegos Olímpicos en Beijing, decisión que resultó discutible, al dejar pasar la chance de obtener la medalla de bronce. 

En 2010, recibió por parte de la Fundación Konex, el premio homónimo por ser uno de los mejores cinco basquetbolistas de la década en Argentina. En el mismo año, apuntó a regresar a Bahía Blanca y a restructurar el básquet en su ciudad, principalmente en el club de sus inicios, Estudiantes de Bahía Blanca, asumiendo las deudas y dándole todo lo necesario para volver a ponerlo a punto, en ambos roles tanto como jugador y dirigente.

Sus últimos toques los hizo en 2011 con la Selección Argentina, coronándose campeón en el Campeonato FIBA Américas y en 2013 a nivel club, al frente de Bahía Basket. Muchos años pasaron para volver a ver a Pepe Sánchez en una cancha, cuando en enero de 2022 con 44 años y un equipo plagado de coronavirus, lo llevó siendo presidente del club, a disputar lo que fue oficialmente su última participación. Luego aclaró que lo hizo más bien para que su hijo pueda verlo en una cancha, a sabiendas que efectivamente, ya no habría otra función. 

LAS CONCLUSIONES QUE PEPE SÁNCHEZ APRENDIÓ DEL BÁSQUET 

Para uno de los mayores exponentes que integró la Generación Dorada en básquet en Argentina, lo principal nunca fue el reconocimiento personal o el propio rendimiento, sino desde el momento en que asumió ser parte de un equipo, lo trascendental era pertenecer.

A su vez, acentuó el foco en el lugar de líder que alguna vez le tocó asumir, el cual considera como muy solitario y poco entendido. “Aceptar un liderazgo que los demás te lo dan, lo primero es aceptar que es un lugar incomprendido, que la comprensión viene al tiempo”, subrayó y agregó “El líder es eso, toma decisiones difíciles, mostrando un camino que nadie entiende y siendo altruista”. 

“No conozco equipos o personas exitosos que no hayan pasado por frustraciones, derrotas dolorosas, que no hayan enfrentado la adversidad y la hayan podido superar. La clave siempre está en levantarse y empezar de nuevo, eso es verdadero liderazgo”, resaltó por su experiencia.

Como principal elemento que permite llegar a concretar los mayores logros, Pepe Sánchez no duda y apunta específicamente a la confianza, una de las herramientas más poderosas. “Tenemos que resolver conflictos en treinta segundos que es un tiro libre o el minuto que pide el entrenador. El problema se resuelve ya y por ahí hay que cambiar el plan rápidamente. La resolución de conflicto pasa a ser un tema fundamental y todo termina en el factor confianza”.

No solo se necesita para descifrar una jugada, sino que también cuenta para la construcción de un equipo, que va desde la gestualidad o una mirada hasta llegar a saber lo que piensa o siente un compañero, ese punto lleva a diferenciarse del resto y, por ende, a tener más posibilidades de lograr cada desafío.

Asimismo, hace hincapié en la importancia de mantener esa confianza cuando las situaciones complejas afloran. Para ello, tener en claro que frente a la prensa siempre va a haber consenso a nivel grupal y disenso puertas adentro, como en el vestuario o en una habitación de hotel. Allí, se tienen que hablar todos los temas para aportar a la causa. “Si no sos capaz de tener esas situaciones y conversaciones difíciles, la confianza no florece”, asegura Sánchez con el diario del lunes.

Tanto así, experimentó también en el vestuario de la Generación Dorada, con las pulsaciones y la adrenalina al máximo. Sin embargo, si no se podían de acuerdo y no buscaban la manera de resolver los conflictos, todo se podía esfumar en segundos. Ese aporte sucede solo si la confianza en el objetivo mayor está clara.

Si pudiera volver a vivir aquellos años, Pepe Sánchez no duda en que lo haría con menos presión y más disfrute, sobre todo a la hora de jugar. La idea de sacarse de encima la autoexigencia y la autocrítica, lo hubiera llevado a sentirse más pleno con lo que hacía, para lo cual tenía un talento innato.

“El éxito se logra cuando hay una misión clara, se manejan bien los egos y hay lugar para el consenso y disenso. En el deporte siempre hay un bien mayor”, relata con sabiduría.

Acaso una de las técnicas que más practicaría, tiene que ver con lo que está desarrollando en el Dow Center, relacionado a la inteligencia emocional. “Me hubiera encantado aprender el arte de la meditación en todas sus formas. Me hubiera entrenado en un arte marcial que genera esa posibilidad de estar centrado y utilizar los talentos que tenía como jugador, pero de una forma más sana”, confesó a sus 47 años.

EL PUNTO MÁS ALTO COMO JUGADOR DE BÁSQUET

No le debe resultar nada complejo elegir el mejor momento de su carrera a Pepe Sánchez. Además de haber cumplido el objetivo de haber formado parte de la NBA y de la Generación Dorada con la Selección Argentina, el momento más álgido en su carrera tiene que ver con Michael Jordan. 

El exbasquetbolista lo rememoró para el libro que YPF presentó en su bicentenario “100 años impulsando el deporte argentino” y pudo revivir el punto más alto en su carrera junto a uno de sus mayores ídolos.

"Yo estaba en Detroit, él estaba en Washington. Yo jugaba poco, pero de repente el entrenador me llama y me dice que me tocaba entrar. Voy a la mesa de control y le pregunto a quién defiendo. "A Mike", me dice. Ni siquiera me dijo Michael Jordan. Yo, inocente, me doy vuelta y me río. Pensé que me estaba jodiendo, él sabía que lo había tenido en el póster... Pero no. Se dio vuelta y me gritó enojado 'A Jordan, a él lo tenés que defender'. Le dije que sí y entré a jugar".

Las situaciones que eligió recordar, pinta a la perfección lo que sintió un joven bahiense que tenía a la persona que más admiraba enfrente y en plena competición. "Yo lo tocaba. Hacia como que no lo miraba, pero no podía creer que estaba marcando a Jordan. Viste que cuando vos estás defendiendo, podés tocar a veces para tantear. Me acuerdo de poner cara seria, medirlo y pensar 'estoy tocándolo a este flaco'", relató con una sonrisa.

Si bien fue una participación corta, en básquet el tiempo vale oro. "Fueron unos breves minutos, lo agarré un par de veces, no me atacó, la volvió a pasar y lo sacaron de la cancha. Lo saqué de la cancha", comentó con una humorada.

Con humildad, recordó que tampoco quiso sacarse una instantánea con su ídolo. "No estaba ni en la liga de pedirle una foto a Su Majestad”, por lo tanto, el único testimonio que quedó de aquel sueño cumplido, fue lo que sucedió en cancha. "A Jordan no se le habla. Era así en ese momento, no sé cómo es ahora. Michael Jordan inventó lo que es la NBA hoy. Jordan es el Maradona o el Messi del básquet. Era para hacerle una reverencia. Para admirarlo".

Además, fue con final feliz para guardarlo con un moño, dado que fue triunfo de los Pistons frente a los Wizards, por 90 a 80, llevándose además el placer de haber sido el único argentino en vencer al imbatible, Michael Jordan.

EL ÚLTIMO Y GRAN PROYECTO DE PEPE SÁNCHEZ, EL DOW CENTER

De todas las experiencias vividas, Pepe Sánchez buscó y encontró la manera de poder verter sus años en la NBA y los tiempos más gloriosos del básquet argentino a nivel mundial, en un lugar que además, busque mejorar la forma en que trabajan los atletas o deportistas en la actualidad.

Bajo la premisa de ser un sueño materializo con la idea de crear todo el tiempo, el equipo de trabajo que formó Pepe Sánchez, en base a la confianza y la humanización, permitió contar con en predio de 10 mil m2, convirtiéndose en el lugar con mayor capacidad y modernidad de Latinoamérica.

Cuenta con un centro médico y rehabilitación, un gimnasio de performance y fitness de 1600 m2, sala de meditación, zona de juego e ingenio, sala de bienestar, estudio y capacitación, sala gastronómica, un sector con huerta y espacios verdes, vestuarios, video room y un ambiente climatizado. Además, se dan cita eventos culturales y no solo deportivos, como así también eventos corporativos, conferencias, charlas y talleres, exposiciones e incluso alojamiento. 

En ese sentido, el Dow Center, que además es el nuevo hogar del Bahía Basket, pone al servicio todo lo necesario para que la persona que decide dedicar su vida a un deporte y buscar competir en lo más alto, pueda fusionar en todas sus prácticas, el entrenamiento físico con lo mental y así lograr en consonancia, con disciplina y disfrute, la mejor versión en un entorno que inspire.

“Nosotros buscaremos humanizar el sistema, formar integralmente a deportistas profesionales, que no son ni más ni menos que personas que, durante un rato, hacen muy bien un deporte. Es necesario entender que, además de los músculos, hay que entrenar la mente y las emociones. Esta reeducación es el desafío de los próximos años”.

La meta está fijada y el sueño encaminado. El lugar ya fue visitado por varios deportistas de diversas disciplinas como Magui Aceiga, Luis Scola, Lautaro Martínez y Facundo Campazzo, quienes tuvieron palabras elogiosas hacia el predio y puntualmente hacia el proyecto, que lleva a Pepe Sánchez a golpearse el pecho de orgullo. 

"La neurociencia ya nos enseñó que un ambiente positivo ayuda más que otro con castigos y nosotros buscaremos darles las herramientas para que sean aptos mental y emocionalmente para enfrentar los momentos de presión que tiene el deporte de alto rendimiento”, finalizó.

Ojalá el proyecto de Pepe Sánchez sea el puntapié inicial para la creación de más centros que apunten a rescatar y mantener siempre la humanidad por sobre el deportista, a sabiendas que es la única manera de no perder el principal objetivo, que no es ni más ni menos, que disfrutar de la vida con el don que cada cual recibió al nacer.