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De Saladillo al mundo: Marcelo Curotti, el artista dejó todo cumplir su sueño

Ondina Andriani
Ondina Andriani
De Saladillo al mundo: Marcelo Curotti, el artista dejó todo cumplir su sueño
08/04/2024

Nacido en Saladillo, Marcelo Curotti decidió partir para su formación en los espacios más importantes de la escena porteña y luego de integrar las principales compañías circenses, regresó para quedarse y materializar su proyecto más preciado, a través de su escuela Astrolabio

  • Los sueños están para cumplirse y Marcelo Curotti lo asumió desde que nació en 1977. Por ello, se enfrentó al desarraigo de su adorado Saladillo para combatir los límites que lo encasillaban y partió hacia Buenos Aires con el fin de formarse y convertirse en lo que siempre quiso ser. Un actor dramático, que además desplegara ciertas habilidades circenses que siempre lo atrajeron y nunca pudo siquiera rozar. Así, tomó la decisión de ir en su búsqueda y, aunque eso implicara alejarse de sus raíces, se abocó a su formación como principal objetivo.
  • En ese entonces, su primera casa fue el Teatro General San Martín, cuando en 1996 tuvo su primer acercamiento como estudiante a los escenarios prestigiosos de la calle Corrientes. A la par, incorporó la improvisación para salirse de la seriedad y darle más vuelo, bajo el mando de Fabio Sancineto en el Centro Cultural Ricardo Rojas.

  • Cada vez más cerca del circo, centró su búsqueda en la escuela de MimoTeatro de Lerchundi y Escobar, mientras en 1999 ingresaba a la Universidad Nacional de las Artes, para recibirse en 2003, con una obra dirigida por el reconocido actor Guillermo Angelelli. 
  • A partir de ese momento, Marcelo Curotti no se detiene en su camino trazado por el circo y comienza su periplo por el Clown, Comedia del Arte y Bufón, de la mano de los principales formadores del país, Cristina Moreira y Walter Velásquez en el Teatro Nacional Cervantes. Ya en 2001, logra combinar sus años de actor con disciplinas de circo, en la Escuela Argentina de Gimnasia, Circo del Aire, Galpón de los Deseos, Centro Cultural Trivenchi y Circo Criollo. Allí, aprendió trapecio, equilibrio, gran volante, tela, palo chino, alambre acrobático, parada de manos y fuerte de trapecio.
  • Una vez que sintió que ya estaba listo para integrar las principales compañías de renombre que ya tenían su propio espacio, Marcelo Curotti llegó a De la Guarda y de un momento a otro, todo cambió. Comenzaron las giras por el mundo y abrirse todas las posibilidades que alguna vez soñó de niño en su pueblo y que ahora se cristalizaban como recompensa.
  • Sin embargo, el momento disruptivo en su vida fue en 2007, cuando decide regresar a su tierra para crear su propia escuela, junto al municipio de Saladillo, y darle vida a Astrolabio. De esa manera, pudo asentar raíces y con gratitud, le dio a su pueblo un espacio para que todo aquel o aquella que quiera vivir y respirar a través del circo, tenga su lugar.

  • Astrolabio tiene la premisa de formar y no solo entretener, además de estar íntegramente formada por los habitantes de Saladillo, quienes pasan de alumnos a profesores y en un futuro, también a poder dirigirla.
  • Por el momento, Marcelo Curotti está al frente de la escuela y es quien principalmente amasó la idea de formar una familia artística en una comunidad que ama y de la que nunca se pudo alejar. Cerca de cumplir dos décadas desde su nacimiento, Astrolabio se convirtió en su proyecto de vida y en su gran orgullo, tras haber logrado su principal cometido.

  • Marcelo Curotti y el camino trazado hasta llegar a Astrolabio 
  • Si bien desde que ideo sentar raíces en su lugar en el mundo, abriendo una escuela de circo y darles todas las posibilidades a los niños del pueblo, Marcelo Curotti también consumó una vasta carrera que superó sus expectativas.

  • “A nivel personal, creo que haber sido parte de De la Guarda y Fuerza Bruta fueron como dos momentos muy importantes dentro de mi carrera. No solo por la importancia de las compañías sino también por el modo de trabajo, por la profesionalización del trabajo”, destacó el director recordando cómo lo marcó la metodología de sendas compañías.

  • Acaso la forma en que se fueron dando cada una de las oportunidades que se presentaron, fueron marcando a fuego su camino. “Recién terminaba el conservatorio en diciembre y en febrero estaba audicionando para De la Guarda y en abril y mayo me estaba yendo a Australia”. Tan determinante como preciso, este inicio voraz le dio el pie para continuar en busca de nuevas experiencias por el mundo.
  • Sin embargo, invoca esos años con las dudas propias de quien sale del cascarón para dar sus primeros pasos. “Pasé de estar estudiando un tipo de teatro a otro completamente distinto, que no está dentro del perfil del conservatorio. Y lo estaba yendo a hacer a la otra parte del mundo, con 12 funciones semanales con una gira de seis meses, lo cual es un montón, entonces todo eso te quiebra la cabeza. El salto es muy grande, pasar de ser estudiante a estar en una compañía hiper profesional”.

  • No obstante, los nuevos desafíos no lograron amedrentar a Marcelo Curotti, quien por entonces ya estaba pergeñando lo que vendría después y que coronaría esos años de sacrificio de la mejor forma. “Y después llegó Fuerza Bruta. Estaba viviendo en Portugal y la compañía me mandó un mail para audicionar, justo estaba acá en Argentina y fui a dar la prueba. Y también fue importante volver a salir a ese tipo de giras, al mismo formato y una dinámica ya conocida”.
  • Con la experiencia bajo el brazo, recalca el salto abismal que le dio pertenecer a las agrupaciones más destacadas en la escena local hacia el mundo. “Empiezo a aprender desde una posición mucho más comprometida con lo profesional, en esa escala de profesionalismo. También tuve una gran experiencia con el circo Rodas, que es muy grande todo pero ya es otra forma de trabajo, al menos el nacional, comparado con las compañías”.

  • Paralelamente a este vasto recorrido, el artista tuvo la chance de ser parte del Circo du Soleil, cuando fue convocado para una audición. Si bien los tiempos y los astros no lo permitieron, también puede decir que tuvo su coqueteo con la compañía canadiense más preponderante en la actualidad.
  • Y luego, llegó su mayor concreción que lo llena de felicidad. “Yo siento a Astrolabio como el gran proyecto de mi vida, artísticamente hablando. Porque de no haber absolutamente nada, a todo lo que hay hoy, es un montón. Lo tenés que pensar, llevar adelante pero luego ver si eso impacta, si sucede o no. Porque entre tener la idea y que luego se manifieste, hay mucho tiempo y hay veces que no tenés las ganas o el tiempo de esperar”.

  • Frente a esto, el director resalta la convicción personal que nunca perdió y que mantiene hasta el presente, esa motivación que lo llevó a nunca desistir pese a los imponderables. “Cuando hoy veo materializado el primer pensamiento que tuve en relación a la escuela, el hecho de la existencia en sí misma, para mí ya es muchísimo. Después, hay otra arista, ver que alumnos del pueblo, nacidos y criados en Saladillo, que se formaron dentro de la escuela, hoy puedan estar viajando por el mundo actuando con las cosas que aprendieron dentro de la escuela, eso me pone muy feliz porque fue una de las premisas que tenía cuando lo armé. La idea era formar y crear artistas saladillenses que puedan tener una carrera como artistas circenses”.

  • Además, crear una identidad propia y tener un sello distintivo, le provoca gran emoción y es el motivo que más lo lleva a vanagloriarse, pese a su humildad, tras haber gestado este sueño compartido con su gente.
  • “Uno de los motivos de más orgullo es la identificación con la escuela, dado que sin la identificación no podés crear todos estos proyectos. Y como algo más fino, nosotros tenemos una forma de hacer circo que es propia, es como tener un sello como marca registrada. Hay determinadas cosas que vas a ver un espectáculo y después ves otro y vas a encontrar similitudes, como una marca de la escuela. Llegar a tener un método de trabajo y una técnica y que esa sea transversal a todos los alumnos, en complejo hacerlo y crearlo. Por lo tanto, me da mucha felicidad que lo he podido plasmar y que hoy otros hoy lo llevan adelante”.
  • Dentro de las obras que produjo antes y durante se ponía de pie la escuela, el artista fue parte de De la Guarda entre 2004 y 2007, Vivarte en Portugal de 2006 a 2008, Fuerza Bruta de 2008 a 2018 y, entre medio, en el Circo Rodas en 2011. 
  • Luego, como actor protagonizó Robin Hood en 2012, “La denuncia” estrenada en 2017 y en cartel hasta 2019. En 2018, se puso en la piel de un baterista en “Lola y los Picapiedras de Cracovia” y en 2019, volvió a la dirección en “Los Autistas”. Al año siguiente regresó a la actuación para estrenar “120 kilos de Jazz” y en 2022, dio a conocer “Los Custodios”. También dirigió “Cinta”, y en 2023 se puso al frente de “Nada del amor me produce envidia”. Y como la producción no se detiene, el 4 de abril nuevamente vuelve a manejar los hilos de la escena con “Rueda de amor”.
  • También lo sedujo el cine y en 2018 participó en las películas “La última pirueta”, luego “La leyenda del cóndor ciego” en 2020 y “Búfalo” en 2021. Marcelo Curotti es además, Consejero provincial del teatro independiente de la Región Séptima desde hace 7 años, detalle de gran importancia para su labor comunitaria, atravesando el segundo mandato y elegido a través de un concurso público.

  • La mágica experiencia de escalar el Obelisco
  • Como marco del inicio de los Juegos Olímpicos que se llevaron a cabo en Buenos Aires en 2018, Marcelo Curotti fue contratado por Diqui James, el cerebro creador del grupo Fuerza Bruta, no solo como artista sino también para entrenar a personalidades del deporte argentino, como Gabriela Sabatini y Luciana Aymar, entre otras. De allí, se quedó impactado con la personalidad de la tenista, a quien definió como una persona muy cálida, sencilla y de gran humanidad.
  • No obstante, lo que estaba viviendo cobró importancia con los años. “Fue una experiencia increíble y la palabra queda chica. Sin embargo, nunca me di cuenta lo que estaba haciendo o lo que iba a suceder. Nunca supe todas las repercusiones que iba a tener, nunca dimensioné todo lo que estaba haciendo mientras lo hacía”, confesaba sin poder dimensionar lo que estaba viviendo. Además, por esos años, estaba por convertirse en padre por primera vez y su cabeza y corazón estaban repartidos en dos momentos icónicos de su vida.

  • Sin embargo, y pese a que puertas adentro, la balanza estaba inclinada hacia un solo lado, el hecho hoy lo recuerda como uno de los más importantes en su carrera. “Ver toda la ciudad desde la punta del Obelisco fue aterrador, porque fue de noche, con el viento, la soledad, no tenía a nadie arriba. Hubo algunos desperfectos que me hicieron asustar, pero en ese momento solo pensaba en conocer a mi hija, Vera. Por eso tenía la mente en otro lado completamente. Además, al estar en un lugar abierto y no un estadio cerrado, es distinto. Todo cobra otra dimensión, al aire libre parece que estás tocando el cielo”, describió emocionado.

  • En ese sentido, Marcelo Curotti entendió que los sueños no son solo sueños y que el cielo está más cerca de lo que creemos. Solo se necesita convicción, trabajo arduo y saber que nada es imposible. En su refugio, ya tiene en Astrolabio la forma de perseguir las estrellas para viajar como en el cosmos y vivir la vida como en el circo.