De Villa Lynch a Seúl. Una gloria del voley mundial.
Waldo Kantor: Todo lo que soy es gracias al Peretz
- Waldo Kantor es una gloria del voley mundial, considerado entre los 25 mejores jugadores del mundo de la historia y junto con Hugo Conte el mejor de la historia argentina. Integró la Selección argentina que consiguió el tercer puesto en el mundial disputado en nuestro país en 1982. También ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y obtuvo un diploma olímpico, al salir sexto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Jugó 350 partidos internacionales con la selección argentina entre 1982 y 1999.
- Kantor surgió del Centro Cultural y Deportivo Isaac León Peretz de Villa Lynch, municipio de San Martín y pasó su infancia y adolescencia en ese club, una de las instituciones fundadoras de la Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina - Idisher Cultur Farband (ICUF Argentina).
- Desde niño iba ahí al shule, al kinder y a jugar al básquet y al fútbol. Y en los veranos a Zumerland, la colonia de vacaciones del ICUF. De pibe comenzó a competir en basquetbol porque en ese momento era el único deporte federado que tenía el Peretz.
- Ni bien “Identidad Bonaerense” se comunicó con Kantor, que reside en Polonia donde trabaja como entrenador- y le hizo saber que era para escribir una nota sobre él y sus vivencias en el Peretz, el entrevistador se encontró con un amable y apasionado peretziano entusiasmado en colaborar brindando su testimonio.
- “Jugué al fútbol en All Boys en novena y octava, pero cuando aparece el voley en el Peretz dejé todo y dije “es por acá”. Me gustó mucho el vóley y el Peretz fue como una piedra fundacional de lo que después fue mi carrera como deportista porque ahí aprendí a jugar. Ése fue mi trampolín a la selección argentina en 1980 y también, un año después, hacia el mejor equipo local del momento que era Ferro”, nos dice Kantor.
- “Además, en el Peretz tuve al mejor entrenador- Alberto Roitman- que me enseñó todo y no sólo eso, sino que me hizo apasionar por el vóley, que es lo más importante y que diez años más tarde fue mi entrenador en la Selección Argentina en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84. Fue mi primer entrenador y el que llevó al club desde la cuarta categoría, en 1975, hasta salir quintos en el torneo de la primera de Argentina en 1980”, agrega.
- Esos cinco años tan exitosos no fueron obra de la casualidad, ni tampoco exclusivamente del talento de los jugadores, sino de mucho esfuerzo y de un entrenador como Roitman que estaba muy informado y que tenía propuestas de entrenamiento novedosas y de avanzada. “Ya en 1977 empezamos a trabajar con un psicólogo, fue una de las primeras experiencias en el deporte argentino en general. Íbamos los sábados al mediodía y hacíamos terapia grupal deportiva y canalizábamos un montón de cuestiones que tenían que ver con el equipo”, recuerda Kantor.
- Su carrera internacional no se hizo esperar después de integrar la Selección argentina y durante trece años compitió de manera exitosa en las ligas de Italia, Francia y Brasil.
- “Cuando fui a jugar a otros países valoricé más aún la formación integral recibida en el Peretz, absolutamente completa desde todos los ángulos. En lo deportivo uno puede tener todo el talento, pero si vos no laburás de una determinada manera y con la convicción de querer llegar a algún determinado lugar, se hace muy difícil. Eso lo tuve siempre claro desde que dejé de jugar al fútbol en All Boys y abracé el vóley en el Peretz me dije: “quiero llegar a algo importante, no solamente jugarlo”. Y lo conseguí, mi carrera tuvo buenos resultados y la parte formativa que viví en el Peretz fue la piedra fundamental.
- Kantor se entusiasma: “No puedo empezar a hablar de lo que significó para mí el Peretz y empezar a referirme directamente a mi persona porque en realidad hay toda una historia ancestral atrás que no puedo dejar de mencionar. Para mí es muy importante, yo soy nieto de uno de los fundadores del club, un inmigrante judío polaco que puso su fábrica textil en Villa Lynch y junto a muchos otros decidieron fundar un centro cultural y deportivo en el barrio donde estaban emplazadas sus fábricas y viviendas. Mi madre, hija del fundador, participó de todas las actividades del club desde su niñez hasta que fue una mujer grande- madre de hijos que íbamos al club- y participaba en todas las comisiones posibles”. Y agrega que “mi padre llegó al Peretz como instructor de deportes, primero como entrenador de básquet y luego de vóley también. Ahí se conocieron, se casaron y poco tiempo después nacimos Javier, Débora y yo”.
- Kantor comparte su vivencia durante uno de los momentos más importantes de la historia del voley de nuestro país: “Cuando subimos al podio olímpico en Seúl 1988, después de ganar el partido y de los festejos y el llanto, por mi cabeza pasaban todas las imágenes y los fotogramas de mis entrenamientos en el Peretz, incluso algunos en el shule porque el gimnasio estaba ocupado por el básquet o en el teatro convertido en cancha de vóley. Subía al podio con una medalla y el Peretz estaba dentro mío”.
- “Todo lo que soy como persona y esto incluye, mi vida cultural, social, relacional, formativa y deportiva se lo debo al Peretz. Todo”, concluye Kantor.