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Doña Irma: un emblema hecho restaurante

Meli Vinci
Meli Vinci
Doña Irma: un emblema hecho restaurante
17/10/2024

Por Meli Vinci


A 120 km de Capital Federal se encuentra Las Marianas, un pueblo perteneciente al partido de Navarro. Allí se sitúa un restaurante que hizo historia: “Doña Irma”. 

Este espacio surgió en el año 1927 con la llegada del ferrocarril al pueblo y al ser una zona tambera permitía a los habitantes juntarse y almorzar allí. Fue el capataz de la cuadrilla quien lo inauguró con 6 habitaciones bajo el nombre  “Restaurante y Hotel Colon”. En ese momento, el pueblo tenía mucha concurrencia debido a las presentaciones de radioteatro y que los protagonistas se hospedaban allí. 

Luego de un tiempo, al restaurante lo compró una familia pero fugazmente decidieron ponerlo en venta de nuevo. En ese momento lo adquirió una persona perteneciente al pueblo que lo trabajó durante varios años. 

En 1953 decidieron venderlo y lo compró el esposo de doña Irma. Se comenzaron a realizar distintas modificaciones y una de ellas fue el cambio de nombre dándole inicio a una gran etapa. Pasó a denominarse: Restaurante Hotel “El Morocho”

Fue un gran éxito por la cantidad de gente que visitaba el pueblo, pero en los años 80, empezó a decaer. El pueblo comenzó a migrar cuando en los años 90 se decidió sacar el tren. La cantidad de habitantes pasó a ser entre 200 y 300 personas con escaso trabajo de campo y por ese motivo tuvieron que cerrar sus puertas. 

Pasaron los años y el lugar perdió su cuidado y estado original hasta que un día, el hijo de Irma se encuentra con Leandro Vesco - escritor y columnista- quien lo incentiva a abrir sus puertas nuevamente apuntando al turismo rural. 

En diálogo con Identidad Bonaerense, Andrés - el Hijo de Irma- expresó: "Al principio no tenía ganas, pero sabía que para Irma esto iba a ser salud y fuerza para seguir viviendo, así que hablé con mi mamá, y le pregunté qué aspiraciones tenía”. 

La respuesta de su madre le llegó directo al corazón: “Yo sería feliz si vuelvo a abrir el restaurante” . 

Cuando escuchó eso sintió un compromiso directo con ella. Quería volver a darle todo lo que ella le brindó en su niñez y esa era la oportunidad de que pase de la mejor manera todos los días, haciendo lo que le gusta y apasiona: cocinar.

Volvieron a empezar con la reforma del lugar - cambio de techos, pisos y de infraestructura - y de a poco todo fue preparado para empezar de nuevo. 

Reabrieron sus puertas y, de manera gradual, comenzaron a estar en boca de todo el pueblo. El fervor fue tanto que un día les hicieron una nota periodística y eso terminó de culminarlos. 

A raíz de la idea de reabrir el restó se logró visibilizar al pueblo Las Marianas y los terrenos comenzaron a venderse. En la actualidad cuenta con 700 habitantes y muchas personas armaron su casa de fin de semana. 

El sacrificio, las ganas y el entusiasmo hacen que el negocio siga funcionando a la perfección. 

Los primeros 4 años la apuesta fue el menú:

Ravioles y carne asada con papas, todo cocinado a la leña. Aproximadamente, recibían 20/30 personas. Luego, con el uso de las redes sociales pudieron conectarse “con todo el mundo” y fueron acercándose más comensales. A raíz de esto, ampliaron el lugar convirtiéndolo en un museo. 

Gracias a Doña Irma fueron reconocidos en los 36 pueblos de la provincia de Buenos Aires con turismo rural, hecho que, por supuesto, los llena de orgullo. 

Todo lo que hacen está empujado por las ganas de su madre, nos expresa Andrés:  “Siempre nos empuja a seguir adelante”.

En este gran emprendimiento familiar se acopla su nieto Nahuel quien está a cargo de la cocina. Los secretos de la abuela fueron derivados directamente a él, donde ambos forman la pieza fundamental del lugar. 

Irma a sus 86 años se levanta a las 5:00 am a preparar y supervisar todo. Para ella esto es vida y hasta dejó de tomar tanta medicación. Está completamente feliz de su lugar, del reconocimiento y de la visita diaria de los comensales.

Trabajan por reserva, pero siempre tienen a disposición distintos platos para aquellos que no agendaron su lugar previamente. 

Las comidas son hechas en el día y no utilizan nada frizado. Todo es casero con el sabor de la antigua cocina familiera.

Tienen un menú fijo que cuenta con entrada, menú fijo/libre e incluye postre. 

Entrada: Matambre, ensalada rusa y empanadas. 

Menú: Ravioles, tallarines caseros, canelones de verdura/ricota con salsa blanca y bolognesa. Carne Asada con papas al horno. (Podes comer todos los platos, y repetir las veces que quieras) 

Postre:  Panqueques con dulce de leche o flan ( realizado con la receta de la abuela de Irma, maicena, leche y azúcar) es el fuerte del lugar. 

Sus puertas abren los sábados, domingos y feriados únicamente al mediodía. 

Actualmente, cuentan con 80 cubiertos. Agradecidos expresan que nunca imaginaron tener tanta repercusión y que por su buena atención hacia los comensales y por el nivel de la comida no quieren ampliarse más, desean seguir brindándoles todo con el mismo nivel de siempre. 

Si vas a conocer Doña Irma te encontrarás con artilugios de época, música tenue y vas a poder disfrutar un traslado directo a tu infancia. Fue algo que anhelaban y terminaron logrando, no solamente con su mérito sino por el apoyo de toda la gente. Apuestan a que esto perdure en el tiempo, y sin duda, van a lograrlo. 

Doña Irma es el lugar perfecto para que tu paladar se traslade al lugar que cuando eras chico te hizo feliz.