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El amor de Domingo Faustino Sarmiento por el Delta de Tigre aún vive en su Casa Museo

Ondina Andriani
Ondina Andriani
El amor de Domingo Faustino Sarmiento por el Delta de Tigre aún vive en su Casa Museo
05/04/2024

Ubicada a orillas del río Sarmiento, la casa donde vivió por más de 30 años quien es considerado el Padre de la Educación, se mantiene intacta como museo y biblioteca

La vida y obra de Domingo Faustino Sarmiento recorrió diversos caminos claramente marcados por la educación y la política. Su gran aporte a la enseñanza creando nuevas escuelas con el fin de fomentar la igualdad, el acceso público y la posibilidad de capacitarse, lo llevó a ser considerado el Padre de la Educación.

Si bien fue un autodidacta, dado que nació en un pueblo muy humilde de San Juan el 15 de febrero de 1811, su formación la debe a sus primeros maestros que fueron su padre y su tío. Era tal su vocación que comenzó a instruirse y rápidamente comenzó a escribir. 

Paralelamente, su carrera política lo llevó a atravesar desde el exilio hasta la presidencia de la Nación, cuando se enteró que había sido postulado mientras permanecía en Estados Unidos en 1868. Además, fue ministro Plenipotenciario de Argentina en Estados Unidos, ministro de Relaciones Exteriores, ministro del Interior, Senador y Gobernador de San Juan.

Sin embargo, pese a una extensa vida sociopolítica, Sarmiento encontró su lugar en el mundo y allí vivió por más de 30 años. Así, a orillas del río Abra Nueva, rebautizado por Sarmiento tiempo después, en conjunción con el arroyo Los Reyes, el ex presidente argentino vivió desde 1855 sus años más felices, en el mismísimo corazón del Delta de Tigre en la provincia de Buenos Aires.


La historia de la casa de Sarmiento en el Delta de Tigre

El primer acercamiento de Domingo Faustino Sarmiento a tierras inexploradas del Delta de Tigre ocurrió mientras era jefe del Departamento Escuelas. Rodeado de vegetación y aves autóctonas despertó en el estadista la necesidad de tener un lugar cercano al río.

La propiedad que deslumbró al sanjuanino había sido construida en 1855 y pertenecía a Federico Álvarez de Toledo Bedoya, un estanciero con quien había forjado una gran amistad, al compartir ideas políticas ambos alineados con los unitarios, pronunciados contra las políticas de Juan Manuel de Rosas.

La relación entre Sarmiento y Álvarez de Toledo se acrecentó aún más cuando ambos tuvieron que exiliarse hacia Chile, dada su enemistad con los Federales que estaban en el poder. Por lo tanto, la decisión de regalarle su casa a sabiendas de su deseo de tener una propiedad allí, no resultó un impedimento para aceptarla.

Corría el año 1860 cuando recibió de manos de su amigo, la casa que utilizó el ex presidente como recreo y que marca un antes y después en su vida, al ser además uno de los primeros en tomar posesión de un terreno en la sección de islas del Delta de Tigre.

Como muestra de lo que significó para Sarmiento adquirir su nueva propiedad, se recuerdan los tiros de carabina al aire que ejecutó con su arma, como solían hacer en Estados Unidos los conquistadores que expulsaban a los indígenas de sus tierras. Allí dejaba en claro una vez más, su admiración por el país del norte de América.

Una vez instalado en el Delta, Domingo Sarmiento comenzó a idear cómo colonizar esas tierras, que se pudieron conocer a través de sus escritos, donde resaltaba las ventajas del lugar para poder explotar sus riquezas. Parte de su labor se vio reflejado en su libro póstumo “El Carapachay”, nombre en guaraní con el que identificaba la región de islas. 

Los aportes de Sarmiento tras su paso por el Delta de Tigre

Para Domingo Faustino Sarmiento su paso por el Delta de Tigre no significaba solo tomarse un descanso o un recreo con la familia y amigos, sino que aprovechó el tiempo para escribir y buscar soluciones a modo de consejero en los problemas que azotaban la vida en la isla.

Durante los más de 30 años que vivió allí, se dedicó a mejorar, enriquecer y explorar aquel lugar que lo había conquistado, pese a haber viajado por distintas partes del mundo. Tal es así, que fue el ex gobernador de San Juan quien plantó por primera vez una vara de mimbre, que hoy resulta uno de los sellos más indiscutibles en Tigre. Allí, los isleños encontraron respuestas a sus necesidades hasta el día de hoy como una forma de sobrevivir y que conforma el material para las artesanías regionales.

A su vez, en uno de sus tantos viajes a Estados Unidos, Sarmiento incorporó las primeras semillas de pecanes, la nuez característica que se replica en toda la isla hasta en la actualidad y que constituye incluso uno de los productos que forma parte de la gastronomía local. 

Además, para el sanjuanino era primordial mantener la madera para la construcción de las casas, incluso insistía en no utilizar “ni piedras ni ladrillos”, como describía en uno de sus artículos denominado “Arquitectura y paisajes isleños”, que publicó en 1885 en uno de los diarios más relevantes de la época en Buenos Aires.

“En el Delta, el sauce es el material ideal para la construcción. La novedad introducida en las islas es la casita de madera, la arquitectura americana. Un progreso que deseáramos ver introducido a lo largo de todo nuestro país”, indicaba una de sus reseñas acuñando una vez más su fascinación por Estados Unidos.

No obstante, la arquitectura de las islas también se vio influenciada por la corriente europea, con rasgos de romanticismo y elegancia que no está proporcionalmente relacionado con la cultura americana.

La casa de Sarmiento por dentro

Cuando el Padre de la Educación se instaló en su casa del Delta, decidió llamarla “Próciga”, en homenaje a una isla del sur de Italia, más precisamente frente a la ciudad de Nápoles. Allí, construyó también un puente, al cual bautizó “Rialto” como el mismo que funcionaba en Venecia.

La casa del ex mandatario y escritor consistía en una pequeña construcción de madera en forma de cruz griega con techos de teja en fuerte pendiente. Las paredes estaban revestidas con tablas prefabricadas que dejaba entrever una arquitectura más compleja de lo que se veía en aquella época e incluso en la actualidad.

Con respecto a la distribución, contaba con la planta baja para recibir a sus invitados y en la planta alta tenía la única habitación disponible, conformando los tres ambientes que completaban la propiedad, según revelaron las historiadoras María del Carmen Magaz y María Beatriz Arévalo, quienes realizaron una exhaustiva investigación en 1993.

Para Sarmiento, encontrar aquel escenario bucólico le recordó sus jóvenes años en San Juan, nacido entre montañas, enamorado de los ríos de la llanura y la selva, que lo terminan impulsando a tener su refugio en el Delta. "Desde mi llegada a Buenos Aires he buscado en las islas del Paraná un pedazo de tierra adonde retirarme un día como he vivido en mi pobre provincia, a la sombra de los árboles, cultivando plantas y aspirando el ambiente embalsamado de la vegetación y de las flores", relataba detalladamente en sus escritos.

La inspiración que llevó a Sarmiento a buscar su refugio en el Delta

El cuyano desarrolló a lo largo de los años un romanticismo naturalista que pudo concretar en su llegada a las islas. Sin embargo, su pasión se remonta a mucho antes de su llegada a Buenos Aires. Según reveló, el mapa del Delta lo comparaba con el Nilo y su fecundidad. 

Si bien hubo interesados que previamente ya habían explorado las islas, como cuando 1818 Francisco Javier Muñiz por encargo de Juan Martín de Pueyrredón reveló que aún se encontraba en estado salvaje, se estima que uno de los pioneros fue Marcos Sastre, considerado por Sarmiento como "el primer hombre culto que aplicó el raciocinio a la realidad y vio en las islas terrenos adaptables a la industria".

Allí, Sastre se instaló en San Fernando y muy a menudo realizaría expediciones al Delta, que le valió decenas de escritos como en 1858, cuando publicó su libro “El Tempe Argentino”. En ese sentido, si Sastre imaginó una vida isleña, Sarmiento la convirtió en civilización. Además, fue fuente de inspiración, dado que una vez que incursionó en el Delta, todos querían un lugar en aquella tierra de promesas y eso llevó a que, en solo dos años, se ocuparan en una extensión de diez leguas.

Así fue que el maestro sanjuanino, organizó un viaje expeditivo junto a Bartolomé Mitre y Carlos Pellegrini para lograr interés en las islas con la intención de que pueda poblarse. Y así fue como más de 500 personas siguieron su camino y lograron que la zona se vuelva productiva, agrícola e industrial.Casa Museo Sarmienot

El destino de su casa isleña tras su muerte

Durante muchos años, Domingo Sarmiento frecuentó su casa del Delta hasta su muerte, el 11 de septiembre de 1888 en Asunción del Paraguay. A partir de allí, su casa del Delta de 30 hectáreas se convirtió en terreno fiscal. 

Luego, se inició un plan para restaurar la propiedad por el Consejo Nacional de Educación en 1928, donde quedó inaugurada la Casa Museo Sarmiento. Tiempo después, la desidia, la inclemencia climática y otros factores, llevaron a un deterioro que la dejaron prácticamente en ruinas hasta que finalmente el Ministerio de Educación se encargó de la restauración y se reinauguró el museo en 1997.

Además, en 1966, un decreto del presidente Arturo Illia, la declaró como Monumento Histórico Nacional, permitiendo así la conservación de las casas de madera del Delta. En 1989 también fue declarado Monumento Histórico Provincial y en la actualidad quedó bajo la tutela de la Municipalidad de Tigre, que utilizó un sistema de protección con cristales para paliar el clima y el paso del tiempo.

En el presente, se puede visitar la casa en la primera sección de Islas y reencontrarse con el amor de Domingo Faustino Sarmiento por el Delta. Allí, se mantienen las dos habitaciones con techo de tejas y la sala principal se sostienen sobre palafitos y se puede develar cómo vivía, al permanecer su cama y sus pertenencias, como así también una colección de fotografías junto a un cuadro pintoresco que grafica la llegada de Sarmiento en las primitivas embarcaciones.

Antes de ingresar, se adicionó un busto del maestro rural esculpido por Víctor de Pol junto al de Paula Albarracín, madre de Sarmiento, quien lleva el nombre de la biblioteca que funciona en el museo. También hay detalles de su infancia, como un retoño de la higuera de su casa en San Juan, además de una plaza pública y un centro cultural.

La conservación y el interés de mantener viva la historia de uno de los próceres más destacados de nuestra historia, permitió que aún hoy continúe en pie, pese al inexorable paso del tiempo. Y aunque todas las casas madereras que se construyeron luego de la adquirida por el escritor, mantienen su estilo en el Delta, no deja de ser un legado más de Domingo Faustino Sarmiento al pueblo argentino.