El comienzo de una aventura: la casa de Beccar
“Era de madrugada, apenas eran las tres. No había ninguna luz en las casas de la vecindad: la ventana de mi cuarto era la única iluminada. Hacía frío, pero a veces me gusta trabajar con la ventana abierta: mirar las estrellas descansa…”, así comienza El Eternauta. Y se refiere a un chalecito de los suburbios, típico de clase media, donde vive el narrador.
Esa imagen de un hombre trabajando en su escritorio, que se vislumbra por la ventana del piso alto, en algunas viñetas de la mítica historieta El Eternauta, era una escena que ocurría frecuentemente en la casa del barrio de Beccar, donde vivió su autor, Héctor Germán Oesterheld. Allí pasó sus días escribiendo las increíbles aventuras de sus personajes. La casa, una esquina ubicada cerca de las vías del tren, en la localidad sanisidrense de Beccar, todavía existe y hoy es un sitio de memoria.
El chalecito de ladrillo y maderas amarillas fue el lugar donde Oesterheld y su esposa Elsa Sánchez vieron crecer a sus cuatro hijas: Marina, Estela, Beatriz y Diana. La casa fue además testigo del nacimiento de la que es sin dudas la historieta más importante de la argentina, y hoy es un clásico: El Eternauta.
En esa habitación, el escritor discutía con el gran dibujante Francisco Solano López, sobre el futuro y las formas que iba tomando la historia.
Tiempo atrás, habían realizado en colaboración las obras Uma-Uma, Rayo rojo y Bull rockett para la revista Misterix. En 1956 Oesterheld fundó su propia editorial, Frontera, y lo convocó para trabajar nuevamente juntos.
La silla donde se sentaba Solano durante largas horas a delinear y construir el destino de los personajes era la misma silla en la que se corporizó el protagonista de la historieta: Juan Salvo. Pero en la ficción la casa del guionista está emplazada en el partido bonaerense de Vicente López, más cerca de la avenida General Paz. Y a solo cinco cuadras de allí hay otra casa muy similar, la de Juan Salvo, también inspirada en la casa de los Oesterheld.
Solano López se permitió hacer algunos cambios en la vivienda, como el garaje, que lo cambió de lugar para que el protagonista pudiera ponerse el traje protector y salir a la calle. A pocos metros, en esa misma calle, es donde muere uno de sus amigos, Polski, el polaco, alcanzado por la nevada mortal.
El Eternauta salió a la calle por primera vez el 4 de septiembre de 1957, hoy declarado día nacional de la historieta, en la revista Hora Cero, estrenada el mismo día. Todos los miércoles, por entregas, los lectores recibían entusiasmados fragmentos de las 365 páginas que duró la historieta. Esta aventura terminó dos años después, en septiembre de 1959. El éxito fue tan grande, que la editorial publicó en 1962 la historia completa en tres volúmenes. Fue el primer cómic que localizó una invasión extraterrestre en Buenos Aires e inspiró a muchos de los escritores que vinieron después.
Oesterheld, de formación científica, geólogo, apasionado del cine, tuvo una formación literaria influenciada por las novelas y cuentos de aventuras de Stevenson, Conrad o Jack London. Los temas que atraviesan su obra eran la metafísica, el tiempo y el espacio, la ética, la vida y la muerte, el destino y la libertad humanas. En El Eternauta una circunstancia excepcional hace que un hombre común, un tipo de barrio, se convierta en un héroe. El Eternauta es una historieta que perdura a través del tiempo y que cuenta cosas distintas en cada época.
EL HÉROE EN LOS SETENTA: EL DESTINO FINAL
Para los años 70 Oesterheld se transformó, y su héroe, naturalmente, también. En el año 69 la revista Gente publicó una versión de la historia, ilustrada por Alberto Breccia, que comenzaba a dar pequeñas muestras de este giro, pero fue levantada y terminó abruptamente; la excusa fue que el público no estaba preparado para las disruptivas y vanguardistas ilustraciones de Breccia.
La casa de Beccar también fue el escenario de los cambios que sufrieron sus habitantes, para la década de 70 la ciencia ficción y el horror planteado en la historieta se volvía una amenaza real y tangible para sus habitantes. Héctor había comenzado a militar en la organización revolucionaria Montoneros desde donde desarrolló tareas de prensa y difusión y lo mismo hicieron sus cuatro hijas. La casa se convirtió en un espacio de encuentro de jóvenes militantes del barrio.
Es en este escenario donde surgió la segunda parte de El Eternauta. Oesterheld y Solano Lopez publicaron la historia por entregas entre diciembre de 1976 hasta abril de 1978. Fue consumida por nuevos lectores que la interpretaron en clave política, la resonancia era otra, la invasión alienígena era vista como la persecución de la dictadura. Los temas de Oesterheld seguían siendo los de siempre: la lealtad, la entrega, la capacidad de sacrificio, pero el humanismo abstracto de la primera parte era sustituido por el imperativo de la moral revolucionaria. Los personajes se vuelven más unilaterales porque persiguen las motivaciones del autor, el compromiso con su tiempo, la militancia revolucionaria. Y en este contexto su héroe no se podía permitir dudas y deslices en sus decisiones. El eternauta es un líder revolucionario que se enfrenta a un enemigo que intenta aniquilarlo. Y el trágico final también sigue el tono de la época; Juan Salvo se enfrenta a un dilema que es salvar a su esposa o a un pueblo; elige salvar a la gente y cuando llega a rescatar a su mujer, Elena, ella y su hija Martita ya han muerto.
En 1977, Oesterheld es secuestrado por los militares, trasladado a Campo de Mayo y luego al centro clandestino El Vesubio y continúa desaparecido. Pero la segunda parte de El Eternauta no quedó inconclusa. Oesterheld logró terminar de escribirla, aunque Solano López, quien se exilió en España manifestó algunas dudas acerca de si los guiones finales fueron verdaderamente escritos por él.
En la casa de la calle Rivadavia 1985, quedó Elsa Sánchez. Entre junio de 1976 y diciembre de 1977, sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas, dos de sus yernos y su marido, fueron secuestrados y desaparecidos. Elsa se sumó a la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo para recuperar a sus nietos y murió en 2015. Cuando abandonó la casa, Elsa se fue con lo puesto, de la biblioteca de Héctor no quedó nada. Tiempo después, en 2018, la casa fue declarada sitio de memoria.
El Eternauta se siguió leyendo en claves siempre distintas; con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, el icono cultural se transformó en un símbolo político, el Nestornauta, en homenaje a un dirigente que rescató a una Argentina en crisis. Como escribió Oesterheld en el prólogo de la obra: “El héroe verdadero no es individual, sino colectivo”.
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