Hugo Conte se enamoró a primera vista del Vóley
El voleibolista nacido en la Provincia de Buenos Aires en 1960, está considerado dentro de los 25 mejores exponentes a nivel internacional, galardonado entre los 8 más destacados dentro del siglo XX y en el podio dentro de la escena local
- El Vóley como deporte nació en 1895, cuando el director de Educación Física en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) llamado William George Morgan, lo introdujo en el estado de Massachusetts. Allí, habían iniciado el desarrollo de un programa de ejercicios con clases deportivas para adultos que con el tiempo fue sufriendo modificaciones hasta crear un nuevo juego, que es el que se desarrolla en la actualidad.
En Argentina, arribaría en 1912 de la mano del profesor Phillip Paul Phillips, quien por entonces era el director del Departamento de Educación Física de la Asociación Cristiana de Jóvenes de Buenos Aires y quien introdujo además otros deportes de origen estadounidense, como el básquetbol, el béisbol y el softball.
No obstante, los primeros años del Vóley fueron muy disímiles a lo que se ve actualmente, con jugadores estáticos en cada posición y con la pelota que permanecía mayormente en el piso y no en juego. Sin embargo, a lo largo de los años, este juego de recreación en equipo fue creciendo y fue cobrando importancia a través de los nombres propios que le dieron vuelo y significado a un deporte que tiene como principal protagonista en Argentina, a Hugo Conte.
- Hugo Conte y su amor a primera vista: el vóley
Nacido el 14 de abril de 1960, en la provincia de Buenos Aires, Hugo Néstor Conte apodado Twister, encontró en el vóley la mejor forma de hacerle frente a su timidez, dado que era muy alto desde sus primeros años y en la escuela no pasó desapercibido. Sin embargo, esta situación lo llevó a no retraerse y empezar a desarrollar su seguridad para poder continuar con sus objetivos, al ver que llamaba la atención con su altura y todos querían jugar con él.
Sus primeros pasos con el deporte no fueron con el Vóley, sino que tuvo la oportunidad de practicar diversas disciplinas gracias a sus padres, quienes también habían tomado ese camino. Según reveló el propio jugador, sus padres eran socios de GEBA y eso le permitió ya de pequeño estar en contacto con la natación, el fútbol e incluso el tenis.
“Mi vieja jugaba al vóley para divertirse los fines de semana con las amigas y así fue que empecé a acercarme a la cancha”, reveló sobre sus primeros años. Sin embargo, su carrera fue tan rápida como arrolladora, cuando a los 12 años comenzó a dar sus primeros armas en el deporte que más lo había cautivado y por quien sintió un amor a primera vista. Si bien lo quisieron convencer de que el Básquet era para él, para Hugo Conte no había dudas. “Me voy a jugar al vóley porque me divierto y es eso lo que sentí toda mi vida", confesó por aquellos años.
El encuentro con su mentor, el coreano Young Wan Sohn
Como todo exponente destinado a hacer historia, Hugo Conte no fue la excepción y en cada línea que trazó, hay detrás un sinfín de decisiones correctas, con una gran cuota de disciplina y trabajo que lo llevó a estar en el lugar que hoy ocupa.
Ya, a los 15 años, fue citado para jugar en la Selección Argentina y participar del Sudamericano que se disputó en Brasil. Apenas regresó, conoció al coreano Young Wan Sohn para marcar un antes y un después en su incipiente carrera, al proponerle sumarse a la Selección Mayor.
A partir de ese momento, Conte y otros nombres como Waldo Kantor, Esteban Martínez, Jon Uriarte y Daniel Castellani, no se separaron por más de una década. Fueron los primeros jugadores que dieron inicio a este ciclo de oro del Vóley en Argentina y permanecieron bajo la tutela de Sohn para hacer historia.
Para Hugo Conte, el coreano fue el padre que construyó la Selección Argentina durante los años previos a su llegada y los posteriores, cuando recibieron la preparación suficiente para encarar los logros deportivos y convertirse en los verdaderos protagonistas.
“Sohn nos llevó a jugar por el mundo desde muy chicos. Él tenía experiencia como entrenador y jugador, otra visión. Buscó jugadores altos y jóvenes para formarlos, que entrenen muchísimo y darle mucha competencia internacional, sin importar los resultados”, relató Twister sobre sus inicios.
Pese a que, en los primeros años, perdieron mucho más de lo que ganaron, todo indicaba que era parte de la estrategia. Es decir, por más que la derrota los persiguiera en el 90% de los encuentros que disputaron en esa época, el trabajo de Sohn consistía en darles confianza a través del trabajo duro y una mentalidad fuerte.
Para el coreano, el objetivo estaba puesto en el Mundial de 1982, al ver las mejoras con el correr del tiempo y la potencialidad que encontró en aquellos jóvenes dispuestos a todo. Si bien la comunicación con Sohn era muy compleja, dado que sabía muy poco español y su lenguaje contaba con tres o cuatro palabras, no más, la forma en que los hacía pensar en busca de las soluciones, les empezó a abrir el espectro y a visualizar lo que debían cambiar.
Los métodos utilizados por el coreano para desarrollar la perfección en cada golpe, los llevó a trabajar jugadas imaginarias para entender cómo debían estar pendientes del compañero, a sabiendas que es un juego en equipo. “Él pretendía eso, que seamos un ballet y que nos movamos de cierta manera. Lo hicimos pocas veces, pero quedó como una anécdota interesante”, recordó Conte años más tarde.
El Mundial de Vóley en 1982, el primer gran paso de Hugo Conte
Como dijimos anteriormente, el objetivo de Sohn era el mundial. Para ello, años previos jugaron cientos de partidos en Asia y Europa, como parte del trabajo que el entrenador había encarado con sus pupilos.
Según Hugo Conte, habían llegado sin saber a dónde estaban parados. Si bien habían jugado frente a casi todas las potencias del mundo y perdido en su mayoría, también eran conscientes que habían trabajado duro y entrenado con mucha dedicación.
Por ello, las expectativas eran altas y el apoyo del público en Rosario fue unánime, llevándose un gran incentivo en un escenario totalmente impregnado de papeles que les impedía casi verse. Sin embargo, a sus 19 años, Hugo Conte nunca había vivido algo así y así salieron a la cancha.
Finalmente, lograron entrar al podio y Argentina quedó tercera en el Mundial y de esa manera, comenzaron a abrirse las puertas para los jóvenes integrantes de la Selección de Vóley en el mundo, luego de la experiencia de competir, gustar y ganar, con un mentor de las características implacables de Sohn. “Él nos transmitió una mentalidad muy fuerte, quería que todo el día pensemos en vóley y en lo que teníamos que hacer para mejorar constantemente. Éramos chicos, éramos esponjas, y le creímos”.
Hugo Conte, su camino en el exterior y la consagración en Seúl
Luego del éxito que se llevó el seleccionado argentino de Vóley en el mundial, Hugo Conte continuó con su travesía en el Viejo Continente. Entre 1982 y 1988 jugó en Cannes, Francia y en Italia, en Parma, Ugento, Módena, Cúneo y Milán. Levantó una copa con el Parma y tres veces fue elegido como el mejor jugador de la liga italiana y en dos oportunidades fue considerado el mejor extranjero.
Asimismo, en Argentina logró consagrarse campeón en seis oportunidades, cuando fue parte de Ferrocarril Oeste en 1987 y luego en Swiss Medical, Rojas Scholem y Club de Amigos.
Sin embargo, otro de sus grandes hitos fue en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988. Para Hugo Conte, la Selección Argentina llegó con una gran preparación al máximo evento deportivo, con una gran madurez deportiva y humana.
“Trabajamos para eso, fuimos con una mentalidad ganadora muy fuerte y segura. Y lo logramos. Conseguimos la medalla, y más con Brasil, porque prácticamente no le habíamos ganado nunca en un torneo oficial. Ese partido fue larguísimo y emocionante. Creo que la Selección tocó el techo”, reveló por entonces.
Para Twister, la clave del triunfo se debió al trabajo ejercido y el nivel técnico grupal e individual. “La importancia de entender a qué íbamos, que era estar en el podio. Nos agarró a todos en un momento de madurez humana y deportiva muy fuerte. Todos estábamos en Italia y en un buen nivel. Pensábamos y hablábamos de lo que se podía venir en Seúl. Lo veníamos masticando y analizando por meses porque sabíamos que podíamos”. Y así fue.
Los años posteriores tras lograr el máximo sueño
Acaso una forma de valorar los logros conseguidos es factible al tomar distancia. Haber llegado al podio en los Juegos Olímpicos no tiene parangón para Hugo Conte y a través de los años, toda aquella proeza cobró más valor y significancia.
“Llegar a un podio es una situación muy importante. En ese momento lo valorás, pero cuando pasan los años, y a la distancia, lo valorás más todavía porque no se logró otra vez. Estamos con esperanza que se pueda volver a lograr”, había esbozado con esperanzas en lo que viene.
Sin embargo, para el voleibolista no le cambió en nada en lo personal haber obtenido una medalla olímpica. Simplemente destaca el logro adquirido y la felicidad de tenerla, pero no le modificó la vida haber hecho historia con un deporte en Argentina. Incluso, en una oportunidad, reveló que hubiera deseado tener una respuesta más positiva sobre la dirigencia o los políticos del momento sobre sus conquistas, pero nada de eso sucedió.
Por ello, Hugo prefiere quedarse con las sensaciones que le dejó ser parte de aquel grupo, que iba siempre para adelante y contando con la colaboración de todos en el equipo. Aún hoy, recuerda la confianza que tenían con el compañero, a sabiendas que no es un deporte de contacto y que el toque con la pelota puede durar un segundo. “El vóley es distinto a otros deportes. No podés agarrar la pelota y hacer tu juego o decirle a alguien que esquive a tres rivales. Tenés que confiar mucho en tus compañeros”.
Luego de abandonar la cancha, Conte pasó sin escalas a la dirección técnica, como muchos de la camada de jugadores con quien compartió tiempo y espacio. Sin embargo, con una gran capacidad técnica y mucha experiencia, no fue lo esperado.
“Yo fui entrenador 5 años en Italia. Varios siguen, y son muy buenos. Pero yo no me divertía. Yo me divertía jugando. Probé, pero no logré ese cambio, ese click. Busqué la forma, hablé con gente que lo hizo, pero yo no lo logré, y por eso dejé”, confesó tras haber renunciado a su puesto como adiestrador.
Facundo Conte, el heredero
Como había enunciado en otras oportunidades, Hugo Conte sabe que el Vóley es muy familiar. Según recuerda, los hijos estaban siempre gateando en el gimnasio y crecían viendo la pelota a los tres toques en la cancha.
“Fue una situación especial para los chicos, al estar en ese medio. No sé si pasa en otros deportes, pero en el vóley pasa muchísimo. A mis 3 hijos, junto a mi señora Sonia, que también jugó en la Selección muchos años, les presentamos todos los deportes. Fueron a muchísimos, pero siguieron con el vóley. Hoy sólo continúa Facundo, las dos chicas dejaron. Ellos no tuvieron presiones e hicieron lo que quisieron”.
Facundo Conte nació en 1989 y actualmente tiene 34 años. La última camiseta que vistió pertenece al Club Ciudad, siendo parte de la Liga Argentina de Vóley. También integra el seleccionado como su padre e incluso obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020.
Debutó en Rosario Sonder y rápidamente pasó al club GEBA junto a su padre. A partir de allí, inicia sus pasos por Europa en la temporada 2007-08 en Italia, en 2012-13 se dirige a Rusia y luego Polonia para recalar en China hasta 2017.
Luego regresa a Sudamérica para consagrarse campeón en Brasil en la temporada 2018-19. En 2020 recibió el Premio Konex por ser uno de los cinco mejores jugadores de Vóley de la última década, el máximo orgullo de Hugo Conte. Dentro del seleccionado mayor, conquistó el quinto puesto en los Juegos Olímpicos en Londres en 2012, medalla de oro en los Juegos Panamericanos en Toronto en 2015 y el quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Sin dudas, la máxima coronación fue en 2020, al vencer a Brasil e ingresar al podio en las olimpíadas de Tokio en 2020.
En ese sentido, Hugo Conte estudió las similitudes y diferencias de ambos seleccionados, el de padre e hijo que coincidieron en la misma medalla frente al mismo rival y encontró las diferencias.
"Hay una similitud interesante, después de 33 años sigue habiendo una selección bastante sola desde el crecimiento, de lo dirigencial que nos hermana. Desde el punto de vista del juego son dos deportes totalmente diferentes. Hoy son superatletas, te van llevando más al tema físico y menos al técnico. Por eso a veces me gusta más ver un buen partido femenino porque todavía se trabaja muchísimo el tema de la técnica".
Hugo Conte en la actualidad
A sabiendas que la dirección técnica no es lo que más disfruta hacer, Hugo Conte se inclinó más hacia el periodismo y tras unirse a José Montesano, ambos llevan más de diez años de estar al lado del Vóley, ahora desde otro lugar.
Comenzó en la señal TyC Sports y una vez que dejaron de tener los derechos para transmitir los partidos de la Selección Argentina de Vóley, inició su participación a través de plataformas, como Twitch, en su programa “José y el Twister”, que aún está vigente.
“A muchos de los jugadores los conozco desde que nacieron deportivamente porque son compañeros de Facundo (hijo). La selección es algo increíble para mí y José hace 20 que la transmite. Así nació esta idea de seguir por otro medio, se conformó un grupito y pensamos en ir mejorando".
Hugo Conte recorrió en primera persona los mayores logros del Vóley en Argentina, siendo protagonista desde adentro y afuera de la cancha. Como jugador, se alzó con la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos en 1983, en mundiales finalizó en el tercer puesto en Argentina 1982, séptimo en Francia 1986, sexto en Brasil 1990. En 1999 se quedó con el tercer puesto en la Copa América de Estados Unidos, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 y dos diplomas honoríficos en las olimpíadas en Los Ángeles en 1984, en el sexto puesto y en Sydney 2000, en el cuarto puesto.
Además, integra el Salón de la Fama desde 2011 siendo para el propio Hugo “La frutilla de su carrera”. Cuando cumplía sus 48 años, Conte fue distinguido con un lugar para pocos, el mismo que te convierte en leyenda viva y que está reservado para los distintos.
“Fue el lugar más alto a nivel individual que podía formar parte. Obviamente esto es parte de los que me ayudaron a llegar a ese lugar, como mi familia, mis viejos, hermanos, mi esposa y mis hijos. Mis compañeros, todos los que jugaron conmigo”, destacó tras integrar un grupo selectos de deportistas a nivel mundial.
Con una trayectoria intachable, una historia vivida con plenitud y una huella que nadie borrará, Hugo Conte es uno de los máximos exponentes en un deporte colectivo, que requiere de un gran trabajo en equipo, que se forja en confianza, dedicación y disciplina, algo que a Hugo Conte le brotó desde su más temprana edad, destinado a hacer historia.
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