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Instantáneas de terror rural: un recorrido fotográfico por las instalaciones rurales de la Provincia de Buenos Aires

Corina Figun
Corina Figun
Instantáneas de terror rural: un recorrido fotográfico por las instalaciones rurales de la Provincia de Buenos Aires
11/07/2024

En el año 2018, el fotógrafo argentino Guillermo Srodek-Hart empezó a fotografiar lugares que veía en la ruta desde hacía mucho tiempo: estructuras abandonadas, instalaciones rurales, paisajes eternos de nuestra Provincia de Buenos Aires, anquilosados en el tiempo. “La salida siempre es rápida, te agarra el apuro, te baja la adrenalina y lo único que sentís es la necesidad de salir corriendo, lo más rápido posible. Entro a sacar fotos pidiendo permiso, y salgo agradeciendo.”

Coronel Dorrego

Existe una casa cerca de Coronel Dorrego, sólo se accede por camino de tierra, desde luego. Guillermo fue ya varias veces, pero cuando siente que ya la conoce bastante y que la casa no puede hacerle nada, la casa le da alguna señal de que está viva.

Alguna vez, algo en los pastizales lo llamó con un silbido. Alguna vez, la casa no lo quiso dejar ir. Mucho tiempo después de fotografiarla, Guillermo se enteró que la casa había funcionado como un pequeño hospital de campo. A la casa se puede acceder a través de una ventana. El techo está todo caído. Ni bien se entra, uno se encuentra con una especie de sillón que pareciera haber sido utilizado en obstetricia. 

Cada sala de la casa tiene una temática, un territorio que aborda. Una sala tiene una cuna de bebé y una muñeca cuelga de una pared, otra es habitada por un árbol que atraviesa el marco de la cama, la siguiente atesora todo tipo de documentos: desde revistas viejas, hasta fotografías antiguas y mapas. Otra guarda solo una mesa, tal vez lugar de congregación para los cientos de murciélagos que se apilan frenéticamente en el techo.

Las sobrinas de Guillermo le pidieron que las lleve. No podían perderse esa aventura. Luego de una breve recorrida que para Guillermo fue eterna, propuso sacar una foto con las sobrinas para que quedara de recuerdo. Se empezaba a poner tenso, sentía que estaban llamando la atención más de lo debido. Sacaron la foto rápido frente a un viejo espejo. A Guillermo le resultó un lindo detalle artístico.

Volvieron rápido a la camioneta, con la intención de arrancar rápido. “La salida siempre es rápida”. La camioneta no arrancaba. Guillermo miró a la casa que, aunque estaba ya lejos en distancia, invadía todo el campo con su presencia. “Dejame irme de acá, le dije. Pero la casa te llama, no quiere que te vayas”. 

La camioneta no arrancaba, las sobrinas se estaban poniendo nerviosas, también sentían lo que sentía su tío. Guillermo volvió a mirar a la casa, le tuvo que dejar claro que se iba. Apretó el embrague a fondo y la camioneta arrancó. Pero la casa se iba a salir con la suya.

Cuando Guillermo bajó las fotos en la computadora, algo le pareció raro en la foto del espejo, una de las sobrinas no está en la foto.


Componente mortuorio

Guillermo Srodek-Hart busca “los últimos lugares que van quedando en los pueblitos que son icónicos de los oficios, las pasiones, la vida dedicada a ser bueno en algo, no necesariamente motivado por el lucro, sino algo emocional o algo heredado; lugares que se remontan a las corrientes migratorias”.

Busca eso que hace que el habitar un lugar por mucho tiempo, deje impregnado el espíritu de quien lo habita reflejado en los objetos. Y en esa búsqueda encontró una suerte de componente mortuorio, una conexión entre la muerta y el intento de la fotografía de detener el tiempo, detener ese proceso hacia el final. 

Para Guillermo, la foto es un intercambio. Uno da y recibe sacando la foto. “El fotógrafo tiene mala fama de que siempre se lleva algo. Ese es el fotógrafo que entra a una pulpería de campo, saca tres fotos y se va, sin haber entendido nada del lugar. Yo paso horas en esos lugares, y doy todo de mí. Y en ese intercambio me encuentro con cosas. y con presencias”, afirma Guillermo Srodek-Hart.

Guillermo nos explica lo imposible que es explicar algunas de las cosas que pasan al adentrarse en el campo y visitar estas estructuras arquitectónicas. Para él entrar a estas casas es ver cuánto puede aguantar física y emocionalmente para tener la foto que quiere. Soportar que en una habitación haga frío, y en la de al lado falte el aire. Soportar los ruidos, las sensaciones y las miradas.

“¿Viste cuando estás sentado en un bar y sentís que alguien te mira de otra mesa? Te das vuelta y efectivamente te estaban mirando. En estas casas, sentís que te están mirando”, sentencia Srodek-Hart.


La descomposición del sueño inmigrante

“En contraste con su trabajo anterior, donde todo era color y abundancia, en este cuerpo predomina la austeridad en la escala de grises y los paisajes desolados. Ambos coinciden en la paradoja de retratar espacios marcados por la huella humana a pesar de su ausencia absoluta…”, manifiesta la página web de Guillermo Srodek-Hart (http://www.srodekhart.com) donde puede consultarse parte de su extenso y rico trabajo.  

Instalaciones Rurales, es el nombre del proyecto fotográfico de Guillermo Srodek-Hart que recorre visualmente todas aquellas estructuras arquitectónicas que componen el funcionamiento de una instancia: los molinos, los corrales, los silos, los alambrados. El estado total de descomposición, el abandono de estas estructuras y la invasión total de la naturaleza, dan cuenta no sólo del paso del tiempo, sino de lo que ese transcurrir implica. Que este tipo de edificaciones hayan sido olvidadas habla de un sistema productivo que ha cambiado.

“Hay una tensión entre la continuidad de lo que había sido el sueño de los inmigrantes y el deceso y el abandono de esos sueños que nuestros ancestros construyeron alrededor de los pueblos de campo.”, afirma Guillermo Srodek-Hart.

Esas grandes mansiones, esos castillos que en su momento eran indestructibles y un símbolo de poder y de una visión del país y del mundo; hoy se encuentran literalmente comidos por la naturaleza. 

Quizás el terror es el olvido, y los fantasmas somos nosotros cuando nos acercamos a estos pedazos de historia, habitando un mundo que murió.

Las imágenes son gentileza Guillermo Srodek-Hart