Identidad Bonaerense

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Las vauquitas no tan ajenas

Myriam Pelazas
Myriam Pelazas
Las vauquitas no tan ajenas
07/04/2024

Una forma diferente de comer dulce de leche

Así como las provincias preceden a la Nación, el dulce de leche es la condición de posibilidad de la vauquita, esa golosina deliciosa y familiar cuyo origen involucra a mentados personajes de la historia bonaerense y de la literatura argentina.  


Rosas y Lavalle, Bioy Casares y Borges:

Existen distintas versiones sobre la “leyenda” del dulce de leche, aunque, más allá de los matices, prima cierto consenso en que sus protagonistas serían Rosas, Lavalle y sobre todo una mujer que estaba calentando una “lechada” con la que cebaría el mate según el gusto de don Juan Manuel. La llegada intempestiva de Lavalle habría retrasado el momento de sacar la leche del fuego, motivo por el cual se la veía oscura y espesa. Iba a ser derramada y reemplazada pero, tanto Rosas como Lavalle, decidieron arriesgar, así que la probaron y enseguida celebraron su sabor. De manera que, en 1829, horas antes de celebrarse el Pacto de Cañuelas, por obra de la casualidad, nació el dulce de leche. 


Fortuito también fue el origen de La Vauquita.

A través de distintas crónicas, se lee que durante los años ’30, el abuelo de Raúl Vidal -dueño de la empresa de chocolates Cauca- transportaba en enormes tambores metálicos su dulce de leche desde Trenque Lauquen a La Martona, en Cañuelas. Aquella renombrada firma láctea, propiedad de la familia del escritor Adolfo Bioy Casares, devolvía a Santos Vidal Ruiz los tambores con la yapa de un fondo azucarado. Si a ese maravilloso excedente se le agregaba un poco más de dulce de leche, se formaba una especie de tableta. Así, en Trenque Lauquen, nació 'el vasquito', en sincronicidad con “la vaquita” de La Martona. 


Ambos, durante varios años, hicieron felices a niños y niñas bonaerenses que los adquirían en los locales a la calle de la famosa empresa de Cañuelas, “cuna de la industria lechera” y también en los viejos cines de la provincia. Pero además de las infancias, entre sus fanáticos, pueden contarse a Bioy Casares y su amigo Jorge Luis Borges quien en varias entrevistas a lo largo de su vida dio cuenta de que sentía debilidad por todo lo relativo al dulce de leche.

Con el correr del siglo, la delicia bonaerense dejó de fabricarse y casi que se pierde, sin embargo, en los 70, al tiempo que La Martona quebraba, en Trenque Lauquen reaparecía el bocadito con el nombre con el cual lo conocemos hoy. Eso sucedía de la mano de Raúl Vidal, que sumaba el hallazgo de su abuelo a su renombrada chocolatería. 

Pero, una vez más, en 1989 la marca se vendería a una cadena de helados que, en 2001, como tantas otras empresas, quebró y hace unos años volvió a ser rescatada por otra firma.


La Vauquita hoy: Reportaje a Marcelo Greco, gerente de La Dolce SRL.


-¿Cómo la Vauquita volvió a tener tanta presencia en el mercado de golosinas?

Los nuevos dueños (La Dolce SRL) son grandes conocedores del sistema de distribución de golosinas en el país. Esto fue fundamental para que Vauquita volviera a estar en el lugar en el que hoy está. 

La estrategia del desarrollo de nuevos productos también es idea de esta empresa. Primero se comenzó probando distintas versiones de la tableta: con el sabor menta, después con el sabor banana split y luego con coco. Esas combinaciones hicieron que muchos consumidores que compraban la tableta tradicional probaran los demás sabores y gracias a esta estrategia la base de consumidores creció.


-También en la actualidad hay otras líneas del producto.

Sí, como lo dice nuestro eslogan, Vauquita es “una forma diferente de comer dulce de leche” y el dulce de leche está presente en muchas golosinas, por ejemplo, en los alfajores. Además, como las tabletas son libres de gluten, o sea son libres de TACC, se pensó en seguir agrandando por ese lado la línea de alfajores, pensando en golosinas saludables. Así que tenemos una línea de alfajores de arroz de bajas calorías, también libres de gluten, sin TACC. 

La estrategia del crecimiento de otros segmentos tuvo que ver siempre con el eje central del dulce de leche que, como dicen, puede llevarse en la cartera de la dama, en el bolsillo del caballero. Nuestra golosina puede estar en la mesita de luz, en tu mesa navideña. Te puede acompañar a todos lados. Esa es una de las principales ventajas de nuestra tableta.


-¿Cuál es la Vauquita preferida?

La que más se vende es la tableta suave, la Vauquita light. Y si bien no tenemos estudios que lo puedan avalar al cien por cien, guiados por quienes son nuestros seguidores en las redes sociales te diría que el 70 % son mujeres y el 30% son, varones. Aunque entendemos que, a lo mejor, la madre la compra en el supermercado o en el kiosco y después la disfruta toda la familia. Pero sí en las redes sociales las mujeres son más nuestras seguidoras.


-En cuanto a la producción, ¿hay cierta variedad con lo estacional?

Algo pintoresco relacionado con nuestra tableta es que es una golosina directamente relacionada con el campo, con las vaquitas, porque su principal insumo es la leche, con los terneros, con la vida del campo, con los tambos. Cuando las vaquitas pastorean, cuando caminan, cuando no pastorean porque los mosquitos las molestan, cuando llueve, cuando deja de llover, cuando hay sequía… Bueno, todo eso está relacionado con la producción de leche de las vacas y eso hace que un poco estemos a merced de todas esas cuestiones. Cualquiera de esas cosas hace que la cantidad de leche que producen las vacas varíe porque estamos relacionados con la producción de leche de los tambos.


-¿Cuál es el principal país al que la Vauquita se exporta?

Ecuador es el país al que más vauquitas exportamos, antes también exportábamos muchas a Paraguay y a Bolivia.


De los tambos bonaerenses al mundo:

Como la yerba, el colectivo y el tango, el dulce de leche nos identifica. Se extraña cuando vas a otro país porque ni siquiera el manjar blanco peruano o el dulce de cajeta mexicano terminan de parecérsele. Tampoco hay golosinas que se parezcan a ese placer en cajita que reconvierte la hermosa letra de Atahualpa Yupanqui porque esta vez las vauquitas son nuestras.


Myriam Pelazas