Ojos de Campo: de San Andrés de Giles al mundo
En los archivos históricos se lee que San Andrés de Giles es un partido al norte de la provincia de Buenos Aires que nació bastante antes de que tuviera lugar nuestra independencia. Esta nota no abreva sobre su historia de más de dos siglos, sino que se detiene en un acervo singular que le da identidad desde hace casi veinte años: Ojos de campo (ODC).
Imágenes contra el desarraigo:
Cerca de 20.000 habitantes se distribuyen a lo largo del municipio y aunque la mayoría vive en la ciudad homónima, ODC recorre cada una de sus localidades: Azcuénaga, Cucullú, Villa Ruiz, Villa Espil, Franklin y Solís y sus pequeños parajes de Tuyutí, Espora y San Alberto.
La experiencia nace cuando la Dirección de Turismo en Pueblos y Parajes Rurales de San Andrés de Giles acepta una propuesta del fotógrafo Diego Arranz destinada a chicos y chicas de entre 6 y 14 años (hoy pueden participar desde los 5 hasta los 17). Si bien la idea presentaba ciertas complejidades (el acceso a las cámaras, materiales de revelado, etc.) las autoridades comprendieron que en esta forma de educación y arte confluía una novedosa forma de hacer comunidad rural. Valía la pena el esfuerzo de conseguir los insumos y que estas niñeces tuvieran la oportunidad de aprender, divertirse y convertirse en fotoperiodistas, en participantes activos de sus lugares de pertenencia, y que con el poder de sus imágenes enfrentaran el desarraigo.
Ya son más de mil -alrededor de cien niños, niñas y adolescentes participan desde 2005, cada año- quienes gratuitamente se han capacitado en un oficio que les ofrece una salida laboral como fotógrafos/as sociales y camarógrafos/as. O como profesoras de fotografía -Micaela Rodríguez y Clara Sabinio dieron sus primeros pasos fotográficos en ODC siendo muy chiquitas y hoy conforman el equipo docente junto a Arranz- y aún como conocedores/as de un saber que enriquece su vida. Porque además de aprender Photoshop, lightroom y distintos programas para comunicarse en red, los ODC se han convertido en un vector de articulación entre el sector público y el privado con el propósito de fortalecer el desarrollo local venciendo los procesos de desarraigo que afrontan muchas zonas rurales. Por eso, el proyecto ha sido replicado en otros municipios -en 2022 y 2023 a la misma se sumó Carmen de Areco con talleres en escuelas e instituciones del partido- y en varias oportunidades se ha solicitado su asesoramiento poniendo en valor los resultados de esta experiencia de casi dos décadas de labor ininterrumpida. Una de las claves de su continuidad es que, más allá del arte, la educación y el juego que este espacio estimula, en estas comunidades conviven las niñeces de las familias trabajadoras junto a las de algunos de los propietarios de las estancias. Unas y otras, al mismo tiempo, aprenden a atrapar el mundo en imágenes que conservan los tesoros de su tierra.
Derechos:
“Ojos de Campo” nació simultáneamente a la Ley 26061 de Protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes que establece, entre otros, el derecho a la educación, a la identidad, y también a la libertad de expresión. Por eso son tan reveladoras estas fotos nacidas a la luz de unos jóvenes ojos locales y no desde una mirada adultocéntrica y externa; en sentido doble, las fotos florecen a partir de sus propios puntos de vista, en tanto sujetos autónomos con mucho para opinar sobre sus cotidianidades.
Con el tiempo, el taller cambió de dependencia y hoy forma parte de la Dirección de Cultura del municipio, articulando sobre todo con las escuelas mediante la Inspección y el Consejo Escolar local, pero también, como otrora, con la Dirección de Turismo y la de Acción Social. Es que a lo largo de dos décadas se han incorporado distintos actores sociales, por ejemplo, el centro de día Alihuén y un hogar de ancianos. Sí, ODC ha ido rodando y mutando porque su historia fue atravesada por diversos acontecimientos, entre ellos, la pandemia de COVID-19. ¿Cómo enfrentaron los curiosos ojitos gilenses ese tiempo oscuro? Al igual que las clases de la escuela, ODC se adaptó a una modalidad on line, sólo que sus niños y niñas ya sabían cómo manejar el zoom desde hacía años. En efecto, gracias a las computadoras recicladas y a la profesional tarea de sus docentes habían aprendido a usar programas para comunicarse virtualmente. Así que, antes que arrancara la enseñanza en muchos lugares del país, los chicos y chicas de ODC lograban registrar la extrañeza de esos días en los que no se podía abrir la tranquera para ir a fotografiar.
Más allá del horizonte:
Los ODC hicieron exposiciones de sus fotografías en Canal 7; en la Feria del Libro de Buenos Aires; en la fotogalería del Teatro General San Martín; en el museo Fotográfico Simik; en la Escuela Argentina de Fotografía; en la Universidad de Buenos Aires y en la de Quilmes. También en las municipalidades de Luján, Carmen de Areco, Punta Indio, Chivilcoy, Mercedes; Navarro; San Antonio de Areco y CABA; y en las provincias de Córdoba, Jujuy, Chubut y Río Negro y en la casa de la provincia de Buenos Aires. Cubrieron fiestas municipales y viajaron y se extasiaron con las montañas o se fascinaron con la altura de edificios que por fin supieron por qué eran “rasca-cielos”. Y, como de identidad se trata, hicieron bellísimos intercambios con chicos y chicas de Lago Puelo, con la comunidad mapuche de Lago Rosario y Sierra Colorada, así como con la comunidad de la Rinconada mapuche Nahuel Pan y comunidades collas en Jujuy.
La cosa no termina ahí: sus fotos permanentemente son reconocidas en los concursos bonaerenses de fotografía- regionales y generales- y como premio muchos de sus niños y niñas han conocido la textura y el sabor del agua del mar que sólo conocían por cuentos y…fotografías. Así, por ejemplo, fueron invitados especiales en inauguraciones como la del espacio fotográfico Osvaldo Soriano en Mar del Plata.
Además, sus imágenes fueron exhibidas en lugares como la Universidad de Arte Fitchburg College de Boston, en los años 2007 y 2013. En esas latitudes, una importante artista de Chicago que había fotografiado las existencias de infancias de Ghana se topó con sus fotos y quedó fascinada con ODC. Por eso, hace unos años ella viajó a Giles a conocer en vivo y en directo la tarea y a su vez hizo las gestiones para compartir la experiencia con los chicos y chicas de sus retratos de África.
Como si fuera poco, las fotos de ODC son tapa de un disco: el tercer lp del grupo “Mamá santa”.
Hoy:
Hace unos días quienes iniciaron el taller en 2024 participaron de un campamento de astronomía junto a un profesor especialista en el tema y munidos de un telescopio buscaron captar las estrellas de su tierra. Y, como cada año, recordaron a los soldados de Malvinas que siempre son homenajeados en San Andrés de Giles.
Así, las polvorientas huellas de los caminos y el claro de luna que ilumina el cielo de un paraje tan chiquito como Tuyutí son objetivos captados por enormes minifotoperiodistas que, con orgullo y alegría, ostentan su identidad bonaerense.
Nota: Al participar tantos/as niños y niñas de ODC siempre hacen falta más cámaras digitales, réflex, pocket, película y marcos fotográficos, pantallas, libros de fotografía y otros insumos que pueden ser reciclados. Más información: http://www.ojosdecampo.com.ar
Fotos gentileza de @ojosdecampo
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