Profundidad de campo: filmar en la Pampa Bonaerense.
Entrevista exclusiva con Demián Rugna, director de Cuando acecha la maldad y Diego Fió, director de Las Leguas.
El impacto de la película “Cuando acecha la maldad”, de Demián Rugna, fue multicausal. La calidad del trabajo técnico es una de las razones: desde el maquillaje hasta la fotografía; la ingeniosidad del guión y los diálogos, orgánicamente enunciados por un grupo de actores bien dirigidos (Ezequiel Rodríguez, Demián Salomón, Silvina Sabater y Luis Zembrowski, entre otros). Toda la cuestión “cinematográfica” acumula una serie de aciertos que se podrían seguir enumerando. Pero, quizás, el emplazamiento de esa historia de terror, con anclaje rural, le aportó a la audiencia una especie de frescura (entre otras escabrosas sensaciones) que vino a atender una necesidad a menudo desplazada por las historias que se elige contar o, si lleváramos la observación al plano material, financiar. La amplitud de los planos, la tempística ajena a la ciudad, ámbito predilecto del cine argentino; la sonoridad, meticulosa en sus matices; la luz, impredecible en sus variaciones y única en cada toma. “Filmar en exteriores siempre es un dolor de cabeza”, le comparte Rugna a Identidad Bonaerense, consultado específicamente por esta problemática. “En lugares abiertos la película gana oxígeno, pero, aunque parezca una pavada, es muy duro filmar al aire libre. Es todo un desafío técnico y en un rodaje exterior el clima siempre es un factor importante.
La película fue rodada en San Andrés de Giles, Lobos, Pilar, Escobar, Ciudad Evita y Lomas de Zamora. Un verdadero periplo por ciudades insignes de la Provincia que ofrecen holgura, textura y tonalidad a una película que puso al cine argentino en lo más alto, Olimpo alcanzado con la obtención del premio mayor en la 56° edición de Sitges, el festival de terror y fantástico más importante del mundo. El reconocimiento fue para el cúmulo de aciertos que presenta la película, filmada en exteriores que se ven y se escuchan con nitidez. “No tenés nada bajo control: la noche, el frío, la lluvia o los viajes”, recuerda el director.
Ni “Cuando acecha la maldad” descubrió las virtudes de la Provincia, ni la lista de producciones allí realizadas es acotada. Pero, por alguna razón, este tipo de cintas parecen dar cuenta de una paleta de la personalidad cinematográfica argentina que todavía tiene mucho por explorar.
El caso de la localidad de Uribelarrea, por mencionar tan sólo un lugar, es curioso. Polo que en la Provincia goza de una más que saludable fama por sus parrillas libres, allí también se filmaron películas como Juan Moreira (1973), Evita (1996), Felicitas Guerrero (2009) y El Ciudadano Ilustre (2016).
Diego Fió, director de Las Leguas, coincide con Rugna respecto al factor climático como una problemática central en el rodaje de exteriores. La película fue filmada en General Alvear y retrata a un músico, interpretado por Emiliano Carrazone, que regresa a su pueblo para recuperar la guitarra de su difunto padre.
Los exteriores presentan el desafío del clima, expone el director. Hay un factor que es externo que depende mucho de cómo es el resultado de ese día de filmación. La logística que implica tener los actores, el vestuario, el maquillaje, las luces y recorrer lugares que no son aptos para ingresar: el barro, el agua, la lluvia.
Como vemos, un rodaje que se plantea en exteriores es un rodaje que acepta las caprichosas inclemencias del clima como una variante a tener en cuenta. Pero, en el caso de Las Leguas, el clima acompañó:
Tuvimos mucha suerte. Fue justo el año de sequía (ndr:2023). Salvo un día que nos llovió al final del rodaje y que nos corrió un poco. Hizo la jornada un poquito más corta, pero en líneas generales el clima no nos complicó para nada. De todos modos, para mí la adaptación a lo que suceda climáticamente es un desafío personal.
Pero, si bien la planificación es fundamental en un rodaje, la producción de un largometraje puede volverse impredecible: en parte, esa es la magia del trabajo colectivo, pero también las complicaciones son difíciles de intuir. “La mayoría de mis presunciones sobre una producción suelen ser incorrectas”, sintetizaba el parsimonioso Spielberg.
Nos complicaron situaciones que tenían que ver con la logística, cuenta Fió. Cómo llegar a los lugares y cómo lidiar con vacas, con caballos. Había cierto riesgo de accidentes, que son más factibles en un ambiente menos controlado.
Respecto a la idea de que la amplitud de la Provincia como un beneficio a la hora de filmar, Fió destaca la singularidad de cada proyecto y pone de relieve el disfrute.
Depende de los gustos personales de quien ha construido la obra. Yo disfruto mucho salir de la ciudad para filmar. Todas las cosas que he hecho personales son así: Mi corto “La canoa de Ulises” la filmé en la selva misionera. Las leguas la filmé en la pampa húmeda bonaerense, y lo que tiene de bueno es que uno lidia con menos agentes externos que en la ciudad, como el tráfico, los peatones, u otras situaciones citadinas que requieren una logística mayor, como puede ser un corte de calle. Disfruto mucho estar y filmar al aire libre, y no estar encerrado en un set, que es lo que a mí no me gusta. Siento que salir de la ciudad también implica otras temáticas que no son citadinas, que no son urbanas. Y esas temáticas a mí siempre me llegan más que las urbanas, muchas veces teñidas de la neurosis o los conflictos propios de un ambiente citadino.
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