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Strudel Fest en Coronel Suárez

Lucía Rios
Lucía Rios
Strudel Fest en Coronel Suárez
29/04/2024

El Strudel Fest arranca su novena edición con el desafío de hacer el postre más grande del país

  • Las calles de la colonia Santa María, en el municipio de Coronel Suárez, son el marco perfecto no sólo para probar el típico postre alemán, sino también para recorrer la arquitectura, la historia y la cultura de uno de los grupos migrantes más grandes de Argentina: los alemanes del Volga.

Del 1 al 3 de marzo, las calles de la Colonia Tres, como también llaman a Santa María, reciben a personas de todo el país para disfrutar de muchas actividades en el marco del Strudel Fest. Antes de que el verano abandone el calendario argentino, se puede observar cómo se hace y se cocina un strudel gigante de más de 60 metros. Aunque esa es solo una de las propuestas. 

Con música en vivo, ferias, espectáculos, por supuesto un patio cervecero, pero esta fiesta, como cada una que se hace a lo largo y a lo ancho de Argentina, tiene sus particularidades.

Un juego con huesos, una arquitectura única, la unión entre las tres colonias alemanas, un dialecto difícil de mantener en el tiempo son algunas de las invitaciones a participar del Strudel Fest 2024.

¿Cuántas personas se necesitan para hacer un strudel?

La primera edición de esta fiesta, en 2016, tuvo como protagonistas a dos strudel de 15 metros cada uno. Un gran desafío, ya que una preparación de esas dimensiones tiene su complejidad.

Pero los y las descendientes de los Alemanes del Volga fueron por más. Cada año se busca romper el récord y hacer un strudel más grande que el anterior. El del 2023 fue de 66 metros, así que para este año, el objetivo es de 67 o 68 metros. Pero, ¿Cuántas manos son necesarias para preparar un postre de casi una cuadra de largo?

Para esta edición se publicó una convocatoria para poder ser parte del armado del #StrudelGigante y, en aproximadamente siete horas, se anotaron más de 70 personas de todo el país. “Los celulares estallaban”, contaron desde la organización.

En el origen está la esencia

¿Quién se puede resistir al aroma de una torta recién salida del horno? El strudel de manzana es una pieza fundamental del pueblo alemán, pero no fundacional. De hecho, sus orígenes podrían remontarse a antiguas recetas de las cocinas bizantina, armenia o turca.

Es que la gastronomía, casi por definición filosófica, es un crisol de culturas y tradiciones que arman diálogos constantes. Son infinitas las recetas que empiezan en una región y atraviesan profundas metamorfosis a raíz de las migraciones, crisis, guerras o encuentros. En ese diálogo, los pueblos intercambian y aportan lo que conocen, lo que traen, lo ancestral, y quizás pasan décadas hasta que esa alquimia se termina y reposa como algo terminado. Algo así sucedió en el camino del strudel.

Cuando Carmen Streitenberger era chica, había un horno de barro en cada patio. “Como había tantos hijos, cuando las abuelas y las madres hacían el pan, aprovechaban y hacían strudel, pero de levadura”, cuenta a IDENTIDAD BONAERENSE. Algunos de los rellenos, según recuerda, eran de zapallo, chucrut, de ricota o de manzana. “Se ponía lo que había en las casas, porque el postre rendía mucho”.

La etimología de la palabra gastronomía viene del griego gaster, “vientre”, y nomos, “distribuir”. Y en la historia de Carmen eso se refleja muy bien. En su infancia, cuando alguien del barrio prendía el horno de barro, la comunidad se juntaba a compartir “masitas y strudel” y aprovechaban el fuego para cocinar para las familias.

Cuando Carmen habla sobre la preparación del strudel en familia, en su voz hay ternura. Ella lo vivió de chica, quizás por eso afirma y recomienda: “Cocinar con los hijos y los nietos, es algo que nunca se olvida”. Sobre el maridaje del strudel, hay opciones de lo más variadas. “Ahora se ve que le ponen una bocha de helado arriba, antes eso no existía”, reflexiona la ciudadana de Santa María.

El juego de los huesos

Tal como la gastronomía, la manera de jugar también tiene su magia. He aquí otro puente entre regiones y épocas. Por un lado, el tejo: practicado hace más de 500 años en Colombia, hoy es uno de los entretenimientos más cotidianos en cualquier foto de veraneo de playa. Y por otro, las bochas: su origen está en el Imperio Romano y la técnica que se juega hoy, se desarrolló en Italia.

La conexión viene porque en las colonias alemanas se juega al kosser, que tiene algo de tejo, algo de las bochas, pero con identidad propia.

El origen del kosser está en la Guerra de los Cien Años. Los soldados practicaban este juego en los tiempos libres entre batallas. Su significado es literalmente "juego de los huesos”. Se usan huesos disecados de caballo, específicamente una parte que se llama falange proximal. Al tener la forma de un soldadito, ayuda a la dinámica.

Se juega en equipos, colocando dos hileras de diez piezas cada una (una por equipo) y se ubican los ‘guardias’, uno de cada lado y a determinada distancia del pelotón. Los participantes lanzan intentando voltear primero a los guardias del equipo contrario y luego al pelotón. Quienes logren derribar todos los Kosser primero, ganan el juego.

Strudel y mucho más

La agenda que ofrece esta fiesta es amplia, generosa y accesible. En el sur oeste, casi centro, de la provincia de Buenos Aires, a 560 kilómetros de CABA, muy cerca de La Pampa, con tres días con posibilidades infinitas de deleite.

Aparte del goce gastronómico, hay visitas guiadas al museo, la Iglesia y el pueblo. También hay torneo de kosser para quien se anime, ferias de artesanos para apostar a los emprendimientos, juegos, y el cierre de este año,  estuvo a cargo de la banda “La Franela”.

Y quizás, un poquito de strudel. La entrada es libre y gratuita y todas las actividades están detalladas en https://www.instagram.com/strudel_fest/


(*) Las imágenes que ilustran esta nota fueron cedidas por el Municipio de Coronel Suárez