The Walking Conurban: un suspenso entre dos posibilidades
En su libro “Una historia del Conurbano” (cuyo subtítulo ocuparía una parte considerable del cuerpo de esta nota), Pedro Saborido afirma: "Si la Argentina tiene todos los climas, el conurbano tiene todas las Argentinas. Y todos los continentes. Es un catálogo de épocas, clases sociales y distintos países que se fueron amontonando".
Se trata de una nota preliminar titulada “Antes de empezar”, en la que el autor termina excusándose con el lector ante la posibilidad de no encontrar el conurbano propio en esas páginas. “Apenas si pude escribir sobre el mío”, concluye.
Hace unos años, brotó en Instagram The Walking Conurban, una cuenta que, a través de fotos y epígrafes ofreció una perspectiva más de ese guiso de identidades que es el conurbano bonaerense. Al principio los administradores eran cuatro, pero el grupo se redujo a la mitad y quedaron dos gestionando el material que les envían desde distintos rincones del conurbano.
"Hasta antes de la pandemia, las fotos eran de nuestra autoría y los fines de semana subíamos lo que llamábamos 'colaboraciones'", dice Diego Flores, uno de los fundadores de la cuenta. "Invertimos un poco esa lógica a partir de la imposibilidad de poder sacar fotos. Eso nos hizo tener un mapeo mucho más rico del conurbano, y además tener fotos de circunstancias que se suscitan sólo una vez, o que es difícil que vuelvan a pasar"
¿De dónde salió la idea de la cuenta?
"Deviene un poco de un chiste y de charlas de sobremesa donde nosotros vinculamos al conurbano bonaerense atravesado por distintas circunstancias ficcionales, llámese invasiones extraterrestres, ataques vikingos y demás".
Entonces: a la dificultad de definir la amplitud de gama de una identidad, se le suma un componente ficcional. Una primera aproximación podría concluir que esa nueva perspectiva vino a complicar las cosas. Pero más bien la cartografía poética planteada por The Walking Conurban es, justamente, uno de los primeros cuadrantes que funciona. En esas imágenes presuntamente distópicas se cifra una parte de ese “catálogo de épocas”. Por cierto, el proyecto unió fuerzas con Saborido, con quien giraron por distintos escenarios del territorio en cuestión, con “Un viaje por el universo conurbano”, en el que conjugaron la particular mirada de la cuenta con la del escritor y humorista.
"Empezamos a imaginar un conurbano un poco posapocalíptico", cuenta Diego. "Y también a imaginar dónde nosotros llevaríamos a cabo distintas estrategias. Dónde nos esconderíamos, dónde acopiaríamos, dónde produciríamos lo que sea. Y esa pavada inicial nos sirvió para pensar al conurbano bonaerense como una totalidad".
La integralidad del conurbano quizás podría aceptar un acercamiento sociológico. Esa diversidad responde a las olas migratorias que fueron dándole forma a las afueras de ese centro industrial, que empezó a correrse hacia una periferia. Y el conurbano empezó a escribir su propia historia. Pero los detalles casi poéticos, que narran desde su extrañeza infinitesimal, rara vez se integran a definiciones generales.
"Teníamos una visión muy escueta de lo que era el conurbano, vinculado a nuestra zona de residencia que es Berazategui", amplía Diego. "No teníamos una idea mucho más acabada del conurbano, salvo del sur. A partir de ahí empezamos a fotografiar escenarios abandonados, sobre todo. Casas, fábricas, terrenos, donde un poco la naturaleza y la mano del hombre se mezclaban".
¿Y en cuanto al nombre?
"Una provocación al vincular el uso medio tilingo-anglosajón mezclado con el español"
¿Cómo definirías el Conurbano?
"No es fácil, porque está atravesado por distintas tesituras, por distintos movimientos demográficos muy potentes. El conurbano bonaerense se construyó en una doble vertiente: una tiene que ver con la planificación del territorio y la otra tiene que ver con la improvisación del territorio. Algunos de los partidos y muchas de las políticas públicas le dieron cierto criterio a esa trama urbana. Otras formas de crecimiento y expansión del conurbano se dieron de manera aleatoria, por movimientos que incluso excedían al conurbano bonaerense como fueron, por ejemplo, las migraciones internas. La gente venía a buscar trabajo a Buenos Aires y el territorio no estaba preparado para recibir esa cantidad de gente. Mucha de esa gente se hizo cargo de las falencias territoriales, de las demandas de territorios que antes eran rurales y pasaron a ser muy rápidamente urbanas. Y cuando el Estado no llegaba, la gente construía o trataba de satisfacer esas demandas urbanas. Entonces me parece que es un poco el producto de políticas públicas concretas y a la vez de improvisaciones y saltos aleatorios de la historia. El conurbano es el territorio central de la Argentina, porque es el que recibió esas corrientes migratorias transoceánicas del interior del país y también de los países limítrofes. Ahí se radicó la mayor cantidad de gente del país".
Las imágenes de la cuenta ayudan a ilustrar algunas de esas cuestiones, y podría hasta ponerse el foco en algunos retazos de aleatoriedad que constituyen parte del paisaje del conurbano. Ese movimiento, de índole literaria, sirve para volver a escribir una narrativa que tiene asociados algunos signos que, lejos de explicar el territorio, lo reducen.
"Creemos que es preciso desmitificar esa idea de que el conurbano es un territorio meramente hostil", explica Diego. "Y también tratamos de pensar cuáles son las causas que hicieron a ese territorio tal como lo conocemos. ¿Por qué de golpe hay mucha gente sumida en la pobreza del conurbano? Bueno, hay explicaciones históricas, políticas, culturales y económicas que sirven para entender eso".
En un epígrafe de “Una Historia del conurbano”, Pedro Saborido, fuente primordial de esta nota, ensaya: "La duda al pretender conocernos será siempre la misma: no saber si somos lo que creemos que somos o si somos lo que los demás ven. Es decir que también somos ese suspenso entre las dos posibilidades"
El epígrafe podría acompañar una foto de la cuenta publicada el 28 de junio: un lavarropas depositado en la vereda, con un cartel que ruega “NO TOCAR NI LLEVAR. GRACIAS!”. Detrás, una puerta indica “Casa protegida”.
Un suspenso entre dos posibilidades: la patria y el otro.
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