Una historia fabril: reciclado, valor agregado, esfuerzo y legado
Del tradicional “estudiás o trabajás” dicho a la manera de ultimátum por un padre preocupado por un hijo sin rumbo y de la desesperación de un obrero por sobrevivir que se las ingenió para hacer una precaria máquina con un viejo cigüeñal de un camión, nació Envadec, una fábrica de envases flexibles que hace más de 30 años se instaló en el Oeste del Gran Buenos Aires y a pesar de los vaivenes de una economía siempre inestable, no paró de crecer
- Claudio Runca y Eduardo Raúl Vicario son los dueños de la industria que nació como un humilde establecimiento de reciclado de polietileno -una actividad que aún mantienen, aunque a otra escala- y que sin capital, apenas con el arrojo propio de dos veinteañeros, primero en un galpón prestado, luego en el garaje de Don Pedro Runca, el padre de Claudio que les cedió el espacio en donde guardaba el auto en su casa de Martín Coronado para que instalaran sus tres viejas máquinas, lo que les permitió que casi de inmediato se lanzaran a confeccionar bolsas de consorcio. Un esforzado comienzo que hoy sigue su evolución en una planta de 3000 metros cuadrados en la localidad de Pablo Podestá y un anexo en Caseros, en una antigua procesadora de panificados, que funciona como depósito, aunque ya está procesando materiales.
- “Yo trabajaba en una tornería y en ese entonces, a fines de los ochenta, me puse a averiguar por la recuperación de plástico y armé una máquina con un diferencial de camión y a la vez, puse un aviso en el diario para sumar a alguien en el emprendimiento y el único que vino por fue Claudio (risas)”, cuenta Vicario a Identidad Bonaerense.
- “Para esa época yo había salido de la colimba y mi viejo me dijo, ´tenés que estudiar o trabajar´, ahí empecé a hacer varias cosas, laburé en una empresa de grumo virgen, hice un curso de guardavidas y me iba todos los veranos a la costa, vendí de todo, hasta que le pedí trabajo a un amigo que era pariente del dueño de Asurín”, recuerda a su vez Claudio Runca, “en vez de darme trabajo me dijo que comprara para él material de rezago y sacara una comisión, así empecé”.
- Entre los socios de cruza una mirada cómplice y Vicario asiente para que Runca complete el relato: “En ese momento lo voy a verlo a Eduardo y veo que tenía mucha voluntad pero sabía poco (risas), pero justo otro conocido, el dueño de la empresa Tecnocom, me regala varias toneladas de material con polvo, sucio, que se lo quería sacar de encima”, calcula, “la cuestión es que Eduardo lo limpió, un laburo de locos, pero sirvió y empezamos a trabajar varios meses juntos hasta que decidimos armar la sociedad”.
- El secreto de la exitosa unión que se mantiene hace más de tres décadas es en apariencia simple. Por un lado la clara división de las áreas de trabajo, en donde Runca, un vendedor nato, recorre la calle consiguiendo clientes y Vicario adentro de la fábrica, con los “fierros”, en la producción. Y el otro aspecto crucial es la confianza a prueba de todo entre ambos, en donde todo se conversa y se decide de a dos.
- Los hitos de la fábrica se balancean entre avances y retrocesos: desde la confección de bolsas “de batalla” hasta la impresión de material a cuatro colores, cintas de embalar, packaging y todo el abanico del rubro en la actualidad.
- Pero claro, en un país que no da tregua, la apertura de las importaciones del gobierno de Carlos Menem, el crac económico de 2021, otra vez la política liberal de la época de Mauricio Macri y los aumentos desmedidos de la electricidad, fueron cimbronazos fuertes en el historia de Envadec, que fueron balanceados con por ejemplo, la venta de bolsas al gigante McCain, el primer gran cliente de la empresa o por caso, la pandemia del Covid, que imprevistamente los ubicó como “esenciales”, elaborando bolsitas de patología para los hospitales, lo que significó otro salto considerable en el crecimiento que venían sosteniendo.
- “Cuando hay progreso es porque hay gobiernos de corte popular, en donde la gente consume y las pymes progresan”, sentencia Runca a modo de resumen.
- Pero claro, de los papelitos con los pedidos (práctica que conservan) del principio, el primer salto a un galpón importante a principios de 2000 en la localidad de Palomar, el equipamiento con máquinas de última generación y después la compra del predio actual en Pablo Podestá, el “sistema” de los socios necesariamente se debía una modernización, que vino de la mano de Nicolás, el hijo de Claudio y las tres hijas de Vicario.
- Empresa familiar que con los operarios suma 70 personas, la formación universitaria de la nueva generación garantiza el legado y proyecta a la empresa hacia el futuro, aunque por los menos en tres oportunidades tuvieron ofertas de vender Envadec.
- Fueron y son estos jóvenes, junto a la cultura del trabajo de los socios fundadores en cuanto a que la acumulación de capital se reinvierte en material y más y mejores máquinas -como dato a destacar, aunque disfrutan de un presente holgado, tanto Runca como Vicario alquilan aunque se ocuparon de que sus hijos sean propietarios-, es lo que sostiene a esta empresa bonaerense, que a modo de despedida afirma: “Jamás se nos ocurrió mudar la fábrica a otro lado, este es nuestro lugar”.
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