Villa Victoria y Villa Ocampo: dos mansiones que conservan historia de la cultura argentina con Victoria Ocampo como protagonista
La intelectual escritora, editora y mecenas por varias décadas de la cultura nacional, dejó una vasta herencia que puede respirarse en sus dos residencias que actualmente son museos.
Victoria Ocampo fue una mujer de vanguardia y al servicio del arte con el que nació, en el seno de una familia aristocrática y con una fuerte presencia en la historia argentina. Su personalidad, su carácter imponente y su estilo filántropo la ubica entre una de las mujeres más importantes del siglo XX.
Para empezar a hablar, fue quien dio el puntapié inicial en muchos acontecimientos inéditos hasta el momento y en los cuales marcó un antecedente. Fue la primera mujer en ser miembro de la Academia Argentina de Letras, la única latinoamericana en asistir a los juicios de Núremberg y la primera mujer en obtener la licencia de conducir en Argentina.
Asimismo, fue una de las principales protagonistas en la lucha por causas en defensa de las mujeres, tan complejo por aquellos años, tras la creación de la Unión Argentina de Mujeres. Allí, como presidenta de la asociación, trabajó arduamente en los derechos civiles y políticos de la mujer, se ocupó del amparo en la maternidad, en el desarrollo cultural y espiritual y en la disminución y prevención de la prostitución, entre otros puntos de interés.
En el ensayo escrito en 1936 “La Mujer y su expresión”, plantea el rol de las mujeres en una sociedad patriarcal que dificultaba la relación con la cultura moderna. Si bien Victoria Ocampo era tildada de oligarca por su condición social, su ímpetu y carácter la llevó a no ocuparse de las costumbres de la época, sino que lejos de ser sumisa y atender tareas triviales, quería ser actriz, escribía obras de teatro, montaba a caballo, fumaba, iba al cine sola, bailaba tangos, conducía autos y era atea.
Al frente de Sur, primero como revista literaria y luego como editorial, se dedicó a promover a los escritores que daban sus primeros pasos en Argentina y en el mundo, como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, como así también difundir textos inéditos de los principales exponentes de la época, como Albert Camus, Virginia Woolf, Adolgo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Ernesto Sabato, Alejandra Pizarnik, Federico García Lorca y Graham Greene, entre otros.
A su vez, fue presidenta del Fondo Nacional de las Artes entre los años 1958 a 1973 y fue distinguida a lo largo de sus años de actividad con condecoraciones y doctorados honoris causa, como los otorgados por el gobierno francés en 1962, Officier de La Légion d'Honneur y de Commandeur des Arts et des Lettres.
Por parte del Reino Unido, fue distinguida con de Commander of the Order of the British Empire que le brindó la Reina Isabel y en 1965, la Academia Francesa le otorgó la Médaille d’Or du Rayonnement Français. En el mismo año, la Universidad de Columbia le entregó el Premio Maria Moors Cabot y en 1967 la Universidad de Harvard le concede el título de Doctor Honoris Causa.
Fue en la década del 60 que impuso su estilo personal con sus característicos anteojos de marco color marfil y cristales verde oscuro. Su transgresión hacia lo políticamente correcto y hacer lo que realmente le daba placer, la llevó a manifestar en uno de sus tantos viajes a Londres su fanatismo por Los Beatles, quienes recién salían a conquistar al mundo. Con un alto sentido del humor, de gran porte, mostrando independencia y naturalidad, Victoria Ocampo transitó su vida para dejar su nombre en la escena cultural de un país donde era menester su presencia disruptiva.
LOS PRIMEROS AÑOS EN LA VIDA DE VICTORIA OCAMPO
Nacida el 7 de abril de 1890, bajo el nombre de Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo, fue la primera hija de Manuel Ocampo y Ramona Aguirre. Sus padres se conocieron en el sepelio de Domingo Faustino Sarmiento, dado que dentro de su familia aristocrática, su bisabuelo había sido candidato a presidente y muy allegado al Padre de la Educación. Ya por entonces, residían en la llamada Villa Ocampo, en el partido de San Isidro, Provincia de Buenos Aires. En total, tuvo cinco hermanas más, siendo Silvina la menor de todas. Gracias a la formación, que le brindaron le permitió a muy temprana edad enfocarse en las artes.
Aprendió a hablar francés e inglés antes que el español con institutrices y ya a los seis años tuvo su primer viaje a Europa que se prolongó por un año. Su sueño era ser actriz, pero ante la negativa de su padre tuvo que desistir de su mayor anhelo. Sin embargo, continuó su camino y se embarcó en su amor por la literatura, sintiendo una profunda admiración por autores como Julio Verne, Charles Dickens y Edgar Allan Poe. También amaba jugar al tenis y la música, en especial por Chopin y Claude Debussy y sentía una gran pasión por el cine.
Pese a que no pudo desarrollarse como actriz, situación a la que definió como desgarradora, se abocó al teatro y comenzó a consumir las obras de las compañías teatrales del momento. Continuó con sus viajes a Europa y tomó clases de piano, vocalización y filosofía y en la Universidad de La Sorbona, comenzó sus estudios en literatura griega clásica y literatura inglesa, con las obras de Dante y Friedrich Nietzsche.
LOS AÑOS POSTERORES EN LA VIDA DE VICTORIA OCAMPO
A medida que transcurrieron los años, Victoria comenzó a enlazar amistades con quienes mantenía su vínculo a través de cartas, que luego se verían más tarde en sus memorias. Se casó dos veces, primero con Luis Bernardo de Estrada y luego con Julián Martínez, pese a su negativa al matrimonio, al que consideraba una pérdida de la libertad absoluta.
A partir de 1917, comenzó a dar sus primeros pasos literarios y fue en 1920 cuando editó su primera nota que publicó el diario La Nación, llamada “Babel”. Con la llegada de Ortega y Gasset al país, promovió su perfeccionamiento del castellano, dado que Victoria se sentía más cómoda escribiendo en francés. Si bien luego eran traducidas, por esta razón comenzaron a tildarla de poco nacionalista, por lo que se abocó a mejorar su lengua natal.
Las visitas a Villa Ocampo eran permanentes y la inspiraban en sus textos, desde músicos, filósofos y escritores. Sus viajes prosiguieron ocupando su agenda y fue en una conferencia sobre Charles Chaplin donde conoció a Waldo Frank, quien la invitó a que viajara a Estados Unidos y fundara una revista, con temas de interés relacionados a todo lo que concierne la literatura actual. Esto dio comienzo a Sur, cuyo primero número salió el 1 de enero de 1931, que comenzó como una revista y luego también se convirtió en editorial.
Siempre con una mirada de reojo a lo que pasaba tanto en Argentina como en Europa, Victoria Ocampo continuó con su labor haciendo entrevistas, colaborando desde su costado humanitario y recibiendo a las personalidades más destacadas en su mansión de Villa Ocampo, en Béccar.
Su disidencia con el peronismo le contrajo serios problemas, incluso fue encarcelada durante 26 días, y fueron sus propios colegas quienes pidieron por su liberación, como la nota que publicó el New York Times o la propia escritora chilena Gabriela Mistral, quien le envió a Juan Domingo Perón un telegrama con el mismo propósito.
En los años posteriores, comenzaron las distinciones, condecoraciones y nombramientos como así también los homenajes de sus propios colegas por su entrega a la cultura. Ya en el inicio de la década del setenta, concluyó con la edición de la revista Sur, anunciado a través de un artículo que publicó el diario La Nación.
La llegada del peronismo la movilizó para que en 1973, Victoria Ocampo junto a sus hermanas decidieran donar sus mansiones a la Unesco, con la inclusión de la propiedad que la familia había construido en Mar del Plata. De esta manera, evitarían perderlas en busca de lograr su conservación, a sabiendas de todo lo que había transcurrido en aquellas residencias.
A partir de ese momento, la UNESCO se hizo cargo de los inmuebles, con la posibilidad de continuar viviendo allí hasta su muerte, suceso que ocurrió el 27 de enero de 1979 a los 88 años, tras haber transitado una larga enfermedad. Sus restos descansan hoy en el Cementerio de la Recoleta, en la bóveda familiar de los Ocampo.
Tras su partida, había pedido expresamente quemar determinados manuscritos, cartas y papeles que no quería que salieran a la luz, al incluir sus íntimos pensamientos a través de los años. Y su petición fue cumplida.
VILLA OCAMPO
Villa Ocampo fue construida en 1891 por su padre ingeniero Manuel Ocampo, como una casa de verano que, por entonces, ocupaba 10 hectáreas, ubicada en la calle Elortondo 1837, en Béccar. Fue el propio Ocampo quien le proporcionó todas las comodidades necesarias y adelantos técnicos, para pasar un prolongado tiempo de descanso que iba de noviembre a marzo.
Una vez que sus padres fallecieron, Victoria comenzó en lo que fue la remodelación de la mansión, dado que además de su amor por la cultura, sentía una gran pasión por el espacio verde y la decoración de interiores y, sobre todo, con la idea de imponer su estilo curioso y refinado.
Con los cambios que se fueron dando con los años, algunos lotes fueron vendidos y la mansión se redujo a una hectárea, que compartía con su hermana Angélica. A partir de 1941 se convirtió en su residencia permanente y la ambientó con cierta austeridad, aunque no menos moderna y manteniendo las tradiciones.
Fue en el momento del lanzamiento de Sur que llevó a Victoria Ocampo a hospedar a las personalidades más importantes del país y del mundo, como Saint Exupéry, Pablo Neruda, Atahualpa Yupanqui, Jacques Lacan, Indira Gandhi, Sergéi Eisenstein, André Malraux, María Elena Walsh, Lawrence de Arabia y Tita Merello, entre los ya mencionados.
Victoria Ocampo se refirió así sobre aquellos años. “Mi casa no tiene más gloria que la de haber visto a hombres como éste (Albert Camus) sentados en un sillón de mimbre al sol; o junto a la chimenea con una taza de café en la mano. No guardo colecciones de valiosas pinturas, de ediciones raras, de objetos coloniales de plata, etc. Sólo he coleccionado pasos y voces.”
La relación de Victoria Ocampo por los jardines fue muy estrecha e inspiradora desde muy joven y su conexión con la naturaleza era fundamental, por lo que Villa Victoria se convirtió en su lugar en el mundo. Además, en sus textos y correspondencias resultaba recurrente resaltar la necesidad de preservar la naturaleza y vivir en armonía con los espacios verdes, por lo que desarrolló técnicas de cuidado dedicada a la jardinería.
Su compromiso y esmero puede verse aún hoy, para quien visita Villa Victoria, en el propio legado que se encargó de dejar quien promulgaba como metáfora de la vida, aquella belleza efímera. No por nada, las tertulias intelectuales entre escritores, pensadores y músicos, sucedían en sus jardines.
La residencia consta de una planta baja con un acceso principal, con un tapiz de Pablo Picasso y un ascensor instalado en 1913, un comedor con una mesa para 16 personas con lámparas Bauhaus ubicadas por la propia Victoria y un hall principal que incluye retratos del bisabuelo de Ocampo de la mano de Prilidiano Pueyrredón. Cuenta con tres salas, la primera es de música con un piano Steinway, que años atrás deleitaron con su música, Igor Stravinsky, Arthur Rubinstein y Federico García Lorca. Luego la Sala de estar, decorada con las fotografías de las amistades que solían visitarla y la Sala Sur, el escritorio de Ocampo, con un estereoscopio, fotos y retratos de una joven Victoria.
En el primer piso, se encuentra la habitación de la escritora, con su cama tendida, un televisor de la época y, baño en suite con piso en deck. También está su escritorio, con la máquina de escribir y su biblioteca personal, más tres habitaciones que solía ocupar la madre de Victoria y sus hermanas. Por último, la biblioteca que completó Ocampo a lo largo de los años con los autores más destacados, algunos de ellos originales y autografiados por sus autores, además de las anotaciones con la propia mano de Ocampo.
La mansión donde vivió Victoria desde 1941 hasta 1979, actualmente funciona como casa museo y brinda visitas guiadas y actividades que incluyen debates y exposiciones. Según detalla el sitio web, Villa Ocampo funciona como Antena de la UNESCO, y su finalidad principal es “contribuir al intercambio de conocimiento, promover la preservación del patrimonio, además de estimular la creatividad y la diversidad, y difundir el legado y la memoria de Victoria Ocampo”.
En 1997 fue declarada por el gobierno argentino como Monumento Histórico Nacional y en 2003, luego de sufrir un gran deterioro con el paso del tiempo, que incluyó un incendio con la pérdida de patrimonio de Ocampo, el gobierno de Néstor Kirchner financió la restauración de la mansión y su puesta a punto concluyó recién en 2013.
Además, por orden de Cristina Fernández de Kirchner, en 2009 su retrato formó parte del Salón Mujeres Argentinas en la Casa Rosada que recientemente se trasladó al Instituto Patria. Junto a ella, también figuran Juana Azurduy, Lola Mora, Eva Perón, Cecilia Grierson y Mariquita Sánchez de Thompson.
Para mayor información sobre visitas, horarios y reservas en Villa Ocampo, comunicarse al teléfono (011) 4732-4988.
VILLA VICTORIA
Al igual que la mansión ubicada en el partido de San Isidro, Villa Victoria también fue pensada para ser utilizada en verano y corrió el mismo destino. Estaba asentada en la calle Matheu 1851, rodeada por las calles Arenales, Quintana y Lamadrid, en el Barrio Los Troncos en Mar del Plata.
Así como Villa Ocampo, la residencia marplatense fue donada a la UNESCO con el mismo fin de preservar y mantener viva la memoria de la escritora. No obstante, no tuvo el mismo trato y terminó siendo remata, por lo que la Municipalidad de General Pueyrredón la adoptó y ahora funciona como un centro cultural, tal como su propietaria lo había deseado, con actividades artísticas y educativas.
Fue construida en Inglaterra en 1912 por la firma Boulton & Paul Ltda para Francisca Ocampo de Ocampo, madrina de Victoria, y se trata de una especie de bungalow que llegó en barco ya armada. Su estructura es de hierro y madera y su estilo típico inglés de sencilla instalación como toda casa prefabricada.
A partir de 1920, la propiedad pasó a manos de Victoria como herencia y, a partir de allí, le dio la misma utilidad que su mansión en San Isidro. Allí, también la visitaron grandes personalidades, como Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges, María Rosa Oliver y Waldo Frank, entre otros.
Cuenta con dos propiedades más, además de la principal. Una perteneciente a los caseros, que es de estilo francés, mientras que la otra utilizada para el personal de servicio, es de corriente italiana, además de un garage en planta baja con salida a la calle Matheu.
Allí, como era su costumbre, también le fascinaba organizar reuniones con los intelectuales más prestigiosos de la época, que incluía escritores, músicos, cineastas y pensadores, como también puede verse en las postales de la época, sus paseos en el jardín en soledad.
Para mayor información acerca del Centro Cultural Victoria Ocampo - Villa Victoria, comunicarse a los Teléfonos (0223) 494-2878 / (0223) 493-5302 o WhatsApp: 2235657627
Victoria Ocampo siempre fue una adelantada, acaso por sus raíces, su mirada respaldada por lo que sucedía en el resto del mundo y por su ubicación en tiempo y espacio. Sin miramientos y con una gran valentía, se atrevió a dejar la comodidad que su estrato social le otorgó, para estar siempre a la vanguardia con destellos de rebeldía. Tal es así, que fue la propia gestora cultural la que comenzó a escribir sus memorias a partir de 1952 y que finalmente se publicaron en seis tomos a partir de 1979 hasta 1984.
Su legado vivirá en las dos mansiones que decidió entregar como parte de su patrimonio a la sociedad, como una visionaria que salvaguarda su propio tesoro a través del tiempo y con la idea de que la curiosidad y las ideas siempre sean las protagonistas. Con ese fin, cada visitante de Villa Victoria y Villa Ocampo, podrá asumir el compromiso de apostar al arte como alimento al espíritu y así mantener el de Victoria Ocampo en lo más alto.
En toda su vida repartida en sus 88 años, demostró con creces que la cultura es parte de un país y es en donde hay que apostar como único recurso posible para la evolución. En ese sentido, las palabras de Borges la definen a la perfección. “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, ella tuvo el valor de ser un individuo. Estoy agradecido personalmente por todo lo que hizo por mí, pero sobre todo, estoy agradecido como argentino por todo lo que hizo por la Argentina”.
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